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miércoles, 22 de octubre de 2014

Algunos verbos declarativos o verbos "dicendi"

Llamamos verba dicendi a las formas verbales que designan acciones de comunicación lingüística (como ‘dijo’, ‘respondió’ o ‘contestó’) o que expresan creencia, reflexión o emoción (como ‘pensó’, ‘lamentó’, ‘protestó’...) que sirven para introducir la voz del personaje. En algunos estudios lingüísticos también son conocidos como verbos declarativos.

1. Señala los verbos dicendi empleados en estos fragmentos:

-He descubierto que tengo cabeza y estoy empezando a leer. [1]
-Oh, gracias. Muchas gracias por sus palabras -murmuró Jacqueline. [2]
-Somos muchos de familia -terció Agostino- y trabajamos todos. [3]
-Seguro que, a la larga -replicó Carlota con decisión-, todo se arreglará. [4]
-¡Sophie, vuelve! -insistía Stingo-. He de hablar contigo ahora mismo. [5]
-¿Y tú qué entiendes de eso? -saltó Stephen-. No has leído un verso en tu vida. [6]
-Con lo que me hubiera gustado escribir... -susurró-. Poesía. Ensayo. Una buena novela. [7]
-Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos -se levantó, al tiempo que se miraba las manos-. Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura. [8]
-Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos. -Se levantó, al tiempo que se miraba las manos-. Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura. [8 bis]
-Sí, amigo mío, me asombra tu valentía -dijo ella con aplomo. Y tras una breve pausa, añadió-: Admiro de veras tu sangre fría. [9]


Estas formas se emplean a menudo en los diálogos, tanto en estilo directo como indirecto, pero nos serán también muy útiles a la hora de hacer un resumen, no sólo por una razón estilística, sino principalmente porque nos obligan a interpretar con precisión la intención de los personajes. Se trata de verbos como:
  • afirmar
  • admitir
  • asegurar
  • aseverar
  • comentar
  • comunicar
  • confirmar
  • contar
  • decir
  • declarar
  • enfatizar
  • escribir
  • explicar
  • indicar
  • manifestar 
  • Quejarse
  • Insistir
  • Pedir
  • Solicitar
  • Protestar
  • Recriminar
  • Aconsejar
  • Refunfuñar
  • Lamentarse
  • Rogar
  • Sugerir
  • precisar
  • puntualizar
  • querer decir
  • recalcar
  • reconocer
  • responder
  • subrayar
  • señalar 

2. Trata de agrupar algunos de estos verbos por su significado. Ej:
  • recalcar, subrayar, enfatizar: indican que se hace hincapié o se pone énfasis en algo
  • asegurar, aseverar: indican que el hablante expresa gran convicción en lo que dice
  • comentar, precisar, puntualizar: indican que a lo dicho antes se añade algo que lo interpreta, lo completa o lo aclara
  • admitir o reconocer: indican adhesión a la opinión de otro, a veces contra el interés propio
3. Emplea verbos dicendi para enriquecer este diálogo: 

»-Deja de quejarte -le dijo él-. Ya sé cómo podemos comer.
»-¿Cómo? -dijo ella, atónita.
»-Muy sencillo -dijo él-. Ve a la Maternidad y les dices que estás embarazada. Te darán comida y no te preguntarán nada.
»-¡Pero yo no estoy embarazada! -dijo ella.
»-¿Y qué? -dijo él-. Basta con una almohada o dos. Es nuestra última oportunidad y no podemos dejarla escapar.


4.Utiliza los verbos dicendi para convertir estos diálogos en estilo directo, estilo indirecto y resumen, respectivamente: 
 
DIÁLOGO 1:
PASAJERO: Buen día señor.
CHOFER: Buen día.
PASAJERO: Le hago una consulta. ¿Usted va hasta el Parque Las Heras?
CHOFER: Así es. Tomo la avenida Callao y después doblo en avenida Las Heras. En la intersección con Coronel Díaz se encuentra el parque, serán unas 12 cuadras a partir de que doblamos por la avenida.
PASAJERO: ¡Perfecto! ¿Cuánto cuesta el pasaje?
CHOFER $1,20.
PASAJERO: Muchas gracias.
CHOFER: De nada. Que tenga un buen viaje.
DIÁLOGO 2:
ALUMNO: Profesora, en el examen de la próxima semana ¿Evalúa las provincias y sus capitales?
PROFESORA: ¡Claro que sí!
ALUMNO: ¡Ah! ¡No sabía!
PROFESORA: Lo dije la semana pasada. Incluso les pedí que traigan un mapa político de la Argentina para poder hacer el examen.
ALUMNO: ¡Es que estuve enfermo!
PROFESORA: Cuando uno falta a clase, debe pedir los deberes a sus compañeros ¡Este tema ya lo hablamos a principio de año!
ALUMNO: Si ya sé, me olvidé. Perdón. Ya le voy a pedir a los chicos sus cuadernos ¡Adiós!
PROFESORA: ¡Adiós! Estudie mucho.

DIÁLOGO 3:
KIOSQUERO: Buen día señora ¿Cómo anda?
CLIENTA: ¡Hola! ¡Muy bien! ¿Cómo anda usted? Hace mucho que no vengo por aquí.
KIOSQUERO: Bien bien, acá andamos… trabajando. ¿Qué va a llevar?
CLIENTA: Quiero un paquete de galletitas. Hoy viene mi nieta a visitarme así que le voy a preparar una rica merienda.
KIOSQUERO: Aquí tiene. Mándele saludos a su nietita, que hace mucho que no se la ve por acá.
CLIENTA: Muchas gracias, se los mandaré ¿Cuánto es?
KIOSQUERO: $3,50.
CLIENTA: Sírvase ¡Nos vemos!
KIOSQUERO: ¡Muchas gracias! Hasta luego.



Páginas empleadas: 

martes, 21 de octubre de 2014

EL espejo de Matsuyama



En Matsuyama, lugar remoto de la provincia japonesa de Echigo, vivía un matrimonio de jóvenes campesinos que tenían a su pequeña hija como centro y alegría de sus vidas.


Un día, el marido tuvo que viajar a la capital para resolver unos asuntos y, ante el temor de la mujer por un viaje tan largo y a un mundo tan desconocido, la consoló con la promesa de regresar lo antes posible y de traerle, a ella y a su hijita, hermosos regalos.
Después de una larga temporada, que a ella se le hizo eterna, vio por fin a su esposo de vuelta a casa y pudo oír de sus labios lo que le había sucedido y las cosas extraordinarias que había visto, mientras que la niña jugaba feliz con los juguetes que su padre le había comprado.
-Para ti -le dijo el marido a su mujer- te he traído un regalo muy extraño que sé que te va a sorprender. Míralo y dime qué ves dentro.
Era un objeto redondo, blanco por un lado, con adornos de pájaros y flores, y, por el otro, muy brillante y terso.
Al mirarlo, la mujer, que nunca había visto un espejo, quedó fascinada y sorprendida al contemplar a una joven y alegre muchacha a la que no conocía. El marido se echó a reír al ver la cara de sorpresa de su esposa.
-¿Qué ves? -le preguntó con guasa.
-Veo a una hermosa joven que me mira y mueve los labios como si quisiera hablarme.
-Querida -le dijo el marido-, lo que ves es tu propia cara reflejada en esa lámina de cristal. Se llama espejo y en la ciudad es un objeto muy corriente.
La mujer quedó encantada con aquel maravilloso regalo; lo guardó con sumo cuidado en una cajita y sólo, de vez en cuando, lo sacaba para contemplarse.
Pasó el tiempo y la niña se había convertido en una linda muchacha, buena y cariñosa, que cada vez se parecía más a su madre; pero ella nunca le enseñó ni le habló del espejo para que no se vanagloriase de su propia hermosura. De esta manera, hasta el padre se olvidó de aquel espejo tan bien guardado y escondido.
Un día, la madre enfermó y, a pesar de los cuidados de padre e hija, fue empeorando de tal manera que ella misma comprendió que la muerte se le acercaba. Entonces, llamó a su hija, le pidió que le trajera la caja en donde guardaba el espejo, y le dijo:
-Hija mía, sé que pronto voy a morir, pero no te entristezcas. Cuando ya no esté con vosotros, prométeme que mirarás en este espejo todos los días. Me verás en él y te darás cuenta de que, aunque desde muy lejos, siempre estaré velando por ti.
Al morir la madre, la muchacha abrió la caja del espejo y cada día, como se lo había prometido, lo miraba y en él veía la cara de su madre, tan hermosa y sonriente como antes de la enfermedad. Con ella hablaba y a ella le confiaba sus penas y sus alegrías; y, aunque su madre no le decía ni una palabra, siempre le parecía que estaba cercana, atenta y comprensiva.
Un día el padre la vio delante del espejo, como si conversara con él. Y, ante su sorpresa, la muchacha contestó:
-Padre, todos los días miro en este espejo y veo a mi querida madre y hablo con ella.
Y le contó el regalo y el ruego que su madre le había hecho antes de morir, lo que ella no había dejado de cumplir ni un solo día.
El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió a decirle que lo que contemplaba todos los días en el espejo era ella misma y que, tal vez por la fuerza del amor, se había convertido en la fiel imagen del hermoso rostro de su madre.


1. Contesta a las preguntas de comprensión.
2. Relaciona cada frase (letra)  con su continuación (número): 



A. ante el temor de la mujer por un viaje tan largo y a un mundo tan desconocido
B. vio por fin a su esposo de vuelta a casa y pudo oír de sus labios lo que le había sucedido y las cosas extraordinarias que había visto,

C. la mujer, que nunca había visto un espejo, 

D. ella nunca le enseñó ni le habló del espejo


E. El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió

  1. la consoló con la promesa de regresar lo antes posible  
  2. a decirle que lo que contemplaba todos los días en el espejo era ella misma
  3. quedó fascinada y sorprendida al contemplar a una joven y alegre muchacha
  4. mientras que la niña jugaba feliz con los juguetes que su padre le había comprado.
  5. para que no se vanagloriase de su propia hermosura.
 3. Escribe sinónimos para las palabras señaladas en negrita en el texto.

4. Ordena en pocas oraciones el desarrollo de la historia: 
  1. El padre se va de viaje. 
  2. Le da el espejo a su mujer y le explica qué es.
  3. La mujer...
  4.                             ... creció sin saber del espejo.
  5.                             ... enfermó...
  6.                                 ...que se mirara en el espejo para...
  7. Un día...
  8.                                                ...no decirle la verdad.