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martes, 25 de octubre de 2016

La literatura medieval



La Edad Media: periodización y generalidades

La Edad Media, Medievo o Medioevo es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el XV: desde el año 476, con la caída, a manos de los  del Imperio romano de Occidente (tras la división del Imperio por Teodosio en el 395) hasta 1492, con el descubrimiento de América, o en 1453 con la caída del Imperio bizantino, fecha que tiene la singularidad de coincidir con la invención de la imprenta y con el fin de la guerra de los Cien Años.Suele dividirse en dos grandes períodos: Temprana o Alta Edad Media (Ss. V-X); y Baja Edad Media (Ss. XI-XV), que incluiría un periodo de transición en las dos últimas centurias.



El concepto de Edad Media nació en el siglo XVII para referirse a un tiempo intermedio, sin apenas valor por sí mismo, entre la civilización grecorromana de la Antigüedad clásica y la renovación cultural de la Edad Moderna que comienza con el Renacimiento y el Humanismo. Este esquema  considera la Edad Media como una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, y un aletargamiento social y económico secular. Sería un periodo dominado por el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstición y el miedo milenarista alimentado por la inseguridad endémica, la violencia y la brutalidad de guerras e invasiones constantes y epidemias apocalípticas.
Sin embargo, en este largo período de mil años hubo todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre sí, diferenciados temporal y geográficamente, respondiendo tanto a influencias mutuas con otras civilizaciones y espacios como a dinámicas internas. 

Características de la literatura y el arte medievales:
     

Religiosidad.



Durante la E. M. Europa constituye una unidad religiosa en donde lo político y lo cultural se integran plenamente. Toda la cultura está inspirada en la religión. La filosofía, el arte y la ciencia medievales descansan sobre la teología y están a su servicio. La vida terrenal se considera sólo como un camino que conduce a la vida eterna. Esa unidad religiosa se proyecta en el plano político en el cual se aspira a concretar una especie de Imperio Universal. A su vez, la unidad está favorecida por el empleo de una lengua común: el latín, única lengua de la filosofía, la teología y la ciencia. Posteriormente coexistirán la literatura escrita en latín con la que se escribe en lengua romance.

La Escolástica es la filosofía característica de la E. M. y ésta es el resultado de la adaptación del pensamiento aristotélico a la concepción cristiana.

Sentido heroico y caballeresco.


Después de la destrucción del Imperio de Carlomagno (siglo IX), en la época de los primeros tiempos del feudalismo, predomina el ideal épico y guerrero. La vida es dura, áspera, austera. La poesía de los cantares de gesta  corresponde a este momento.




Espontánea naturalidad. La literatura medieval se caracteriza por haberse formado sin tener en cuenta los modelos de la literatura greco-romana.
Tendencia moralizadora y satírica. Derivado de su carácter religioso, la literatura medieval persigue un fin didáctico y moralizador.

Lentitud del proceso de transformación. A diferencia del impulso renovador del Renacimiento y de la celeridad con que se suceden las tendencias literarias contemporáneas, la E. M. se caracteriza por la lentitud de su proceso de transformación. Existe una relativa inmovilidad o fijeza de los géneros literarios.
Uniformidad. Afirma Brunetière que existe una asombrosa similitud entre las producciones literarias medievales de los diversos países europeos; pero esta similitud no debe exagerarse tampoco. Por ejemplo, el Cantar de los Nibelungos se diferencia de La Canción de Roldán por la mayor aportación mítico mágica que no destaca tanto en el segundo.
Impersonalidad. La falta de significación local y de significación individual le hace pensar al mismo Brunetière en este carácter de impersonalidad. 
 
 Fuente: aquí


1. Lee el texto de Gonzalo de Berceo y encuentra en él los rasgos mencionados anteriormente:   


El labrador avaro 

        Érase en una tierra     un hombre labrador 
         que usaba de la reja     más que de otra labor;
         más amaba la tierra    que no su Criador,
         y de muchas maneras    era revolvedor.
5     Hacía una enemiga     bien sucia de verdad:


       hacía en todas formas    tuertos y falsedad,

      tenía mal testimonio     entre su vecindad.



 

           Aunque malo, quería    bien a Santa María,

10    oía sus milagros     muy bien los acogía;

        saludábala siempre,   decíale cada día:

        "Ave gratia plena    que pariste al Mesías."



                Murió el arrastrapajas  de tierras bien cargado,
         de los diablos fue luego  en soga cautivado;
15     lo arrastraban con cuerdas, de coces bien sobado,

         le pechaban al doble  el pan que dio mudado.


          Doliéronse los ángeles  de esta alma mezquina
         por cuanto la llevaban  los diablos en rapina;
         quisieron acorrerla,  ganarla por vecina,
20     mas para hacer tal pasta  menguábales harina.

         Si les decían los ángeles  de bien una razón,
         ciento decían los otros  malas, que buenas non;
         los malos a los buenos  tenían en un rincón,
         la alma por sus pecados  no salía de prisión.

25     Levantándose, un ángel  dijo: "Yo soy testigo,
         verdad es, no mentira,  esto que ahora os digo:
            el cuerpo que traía  esta alma conmigo
         fue de Santa María  buen vasallo y amigo.

         Siempre la mencionaba  al yantar y a la cena,
30     decíale tres palabras:  Ave, gratia plena.
         boca por que salía  tan santa cantilena
         no merecía yacer  en tan mala cadena."

         Luego que este nombre  de la Santa Reina
         oyeron los demonios,  salieron tan aína,
35     derramáronse todos  como una neblina,
         desampararon todos  a esa alma mezquina.

         Los ángeles la vieron  quedar desamparada,
         de manos y de pies  con sogas bien atada,
         estaba como oveja cuando yace enzarzada:
40     fueron y la llevaron junto con su majada.

         Nombre tan adornado, lleno de virtud tanta,
         y que a los enemigos los seguda y espanta,
         no nos debe doler ni lengua ni garganta,
         que no digamos todos: "Salve, Regina sancta".


a.   Reja: arado
b.   Criador: Dios
c.    Mojones: señal hecha con piedras para marcar caminos o tierras.
d.   Heredad: finca
e.   Revolvedor: tramposo
f.     Arrastrapajas: campesino
g.    Pechar: castigar
h.   Rapiña: saqueo con violencia
i.     Menguar: faltar
j.    Majada: rebaño
k.    Yantar: comer
l.     Aina: pronto
m.  Seguda: persigue







 Europa y el Mediterráneo a comienzos de la Edad Media





 



La otra Edad Media: más allá del etnocentrismo europeo

"¿Cuál es el panorama europeo después de la rotura bárbaro-cristiana? Fragmentos en poder de Bizancio, caudillos bárbaros instaurando reinos advenedizos en Italia, Galia y Septimania, guerreros notables controlando parte de los terrenos invadidos en los que se establecen sistemas feudales, y lugares, sobre todo en las ciudades de la costa mediterránea donde las gentes siguen [...] conservando su milenaria cultura mediterránea, es decir, ligur, tartesia, ibérica o celta, más los añadidos del milenio grecorromano. Toda esta gente no desaparece al llegar los bárbaros: Córdoba no se esfuma; en Sevilla escribe Isidoro, en Narbona, Salviano.
En el interior, en el Norte, en las zonas controladas por visigodos, sajones o francos, es desde se establece y tiene su cuna el feudalismo: es a esos territorios a los que es aplicable la imagen de los siglos oscuros, de la barbarie y el fanatismo medievales. El error histórico de los autores nórdicos consiste en suponer que entre los siglos VIII y XII todos los territorios europeos tenían el bajísimo nivel cultural del norte de Europa. En el Mediterráneo las cosas eran distintas, como prueban los documentos y los hechos. En primer lugar, las cifras de urbanización:



Ciudad Año 800 Año 1000 Año 1200
Bizancio 300.000 450.000 250.000
Córdoba 160.000 450.000 60.000
París 25.000 20.000 110.000
Londres - 25.000 40.000
Sevilla 40.000 90.000 150.000
Palermo 30.000 75.000 150.000


En segundo lugar, la ubicación de focos culturales y escuelas de traductores en Córdoba y Toledo, Sicilia y Bizancio. En el Pirineo, en el año 1000, una cadena de monasterios donde se enseñan el trivium y el cuadrivium y se cultiva la poesía latina, sirve de eslabón perdido entre el foco cultural de Al-Ándalus y la naciente cultura occitana: [...] en estas tierras donde, a finales del siglo XI, aparecerán los trovadores."




 El Mediterráneo en el siglo XI

"El historiador Ignacio Olagüe ...] publicó en París, en 1969 [...] Les arabes n'ont jamais envahi l'Espagne. [...] La tesis de Olagüe es que la islamización de España no fue una invasión armada, sino una difusión cultural por la cual los hispanorromanos adoptaron la cultura más avanzada de la época, que era el Islam, prefiriéndola a la barbarie de los visigodos y demás invasores del norte europeo. [...] Si la tesis de Olagüe es cierta, nos encontramos ante una más de las manipulaciones de la historia con fines políticos. Los fines no serían otros que justificar una ocupación militar de las regiones costeras españolas por el ejército astur-leonés, castellano y catalano-aragonés. [...] los historiadores [...] tuvieron que inventar una invasión. En esta explicación se olvidaron, curiosamente, de [...] por qué un país que se distingue por sus luchas de independencia , su valentía y sus guerrillas fue sometido por 25000 "árabes"en tres años, sin resistencia ninguna."
" Que la cultura  de Al-Ándalus era la más avanzada de Europa entre los siglos VIII y XII está fuera de toda duda. [...] No hay más que comparar una mezquita o un palacio árabe con una iglesia cristiana para darse cuenta del retroceso oscurantista que supuso la Reconquista."







2. Lee a continuación algunos poemas de Al-Mutamid y compara sus características con las del texto anterior: 

La amada

¡Oh mi elegida entre todos los seres humanos!
¡Oh Estrella! ¡Oh luna!
¡Oh rama cuando camina,
oh gacela cuando mira!
¡Oh aliento del jardín, cuando
le agita la brisa de la aurora!
¡Oh dueña de una mirada lánguida,
que me encadena!
¿Cuándo me curaré? ¡Por ti daría la vista y el oído!
Tu frescor aliviaría
la oscuridad de mi corazón.



Amor onírico

 

Te he visto en sueños en mi lecho
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada,
era como si me abrazases y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento,
es como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas, y lograse mi deseo.
¡Por tu amor!, si no me visitase tu imagen
en sueños, a intervalos, no dormiría más.


La Tabula Rogeriana, dibujada por Al-Idrisi para Rogelio II de Sicilia en 1154, uno de los mapas más avanzados del mundo antiguo.




Transmisión de textos clásicos

Durante los siglos XI y XII, muchos eruditos cristianos viajaron a tierras musulmanas a aprender ciencias.  Asimismo, desde el siglo XI hasta el siglo XIV, numerosos estudiantes europeos asistieron a centros musulmanes de educación superior para el estudio de la medicina, la filosofía, las matemáticas, cosmografía y otros temas.
Tras la caída del Imperio Romano y el inicio de la Edad Media, muchos textos de la antigüedad clásica se perdieron para los europeos. Sin embargo, en el Medio Oriente muchos de estos textos griegos (como los de Aristóteles) fueron traducidos del griego al siríaco durante los siglos VI y VII por los monjes que vivían en Palestina, o por exiliados griegos de Atenas o de Edesa que visitaron centros islámicos de enseñanza superior. Muchos  fueron conservados, traducidos y desarrollados por el mundo islámico, especialmente en los centros de aprendizaje, tales como Bagdad, donde existía una "Casa de la Sabiduría", con miles de manuscritos hacia el año 832. Estos textos fueron traducidos de nuevo a las lenguas europeas durante la Edad Media. Los cristianos orientales desempeñaron un papel importante en el uso de este conocimiento, especialmente a través de la Escuela Aristotélica cristiana de Bagdad en los siglos XI y XII.
Estos textos fueron traducidos al latín en múltiples formas. Los puntos principales de transmisión del conocimiento islámico hacia Europa estaban en Sicilia y Toledo.

La literatura árabe

La etapa que va del siglo VIII hasta el siglo XIII (incluso hasta el XV, según autores) es conocida como La Edad de Oro del islam, o Renacimiento islámico. Durante este periodo, ingenieros, académicos y comerciantes del mundo islámico contribuyeron enormemente en aspectos como las artes, agricultura, economía, industria, literatura, navegación, filosofía, ciencias y tecnología, preservando y mejorando el legado clásico por un lado, y añadiendo nuevas invenciones e innovaciones propias. Los filósofos, poetas, artistas, científicos, comerciantes y artesanos musulmanes crearon una cultura única que ha influenciado a las sociedades de todos los continentes.



Las mil y una noches
Las mil y una noches (en árabe, ألف ليلة وليلة Alf layla wa-layla) es una célebre recopilación medieval en lengua árabe de cuentos tradicionales del Oriente Medio, que utiliza la técnica del relato enmarcado. El compilador y traductor de estas historias folclóricas al árabe es, supuestamente, el cuentista Abu Abd-Allah Muhammad el-Gahshigar, que vivió en el siglo IX. La historia principal sobre Scheherezade, que sirve de marco a los demás relatos, parece haber sido agregada en el siglo XIV.

 
Patio de los leones, en la Alhambra, Granada (España).


La compilación árabe Alf Layla (Mil noches), originada alrededor del año 850, fue traducida probablemente a su vez de una versión anterior persa llamada Hazar Afsaneh (Mil leyendas) pero quizá se originó en la India. El nombre actual Alf Layla wa-Layla (literalmente "Mil noches y una noche") parece haber aparecido en la Edad Media y expresa la idea de un número transfinito, ya que 1000 representa la infinidad conceptual entre los grupos matemáticos árabes.
Compuesto por tres grupos de relatos, el libro describe de forma fantástica y algo distorsionada la India, Persia, Siria, China y Egipto. Hacia el año 899, los relatos, transmitidos oralmente, habían sido agrupados en ciclos. Se cree que muchas de las historias fueron recogidas originariamente de la tradición de Persia (hoy en día Irán), así como de Irak, Afganistán, Tajikistán y Uzbekistán, y compiladas más adelante, incluyendo historias de otros autores.

 

Estructura

Scheherezade y Shahriar (1880) de Ferdinand Keller.




Los cuentos de Las mil y una noches emplean la técnica de los “relatos enmarcados”: en lugar de ser independientes, cada una de las narraciones genera nuevas tramas, y un cuento lleva a otro antes de conocer el desenlace del primero.
En el primero, se cuenta que un rey deja al morir su reino a su hijo, el rey Schariar; el nuevo monarca, que quiere mucho a su hermano Schazamán, le da el reino de Tartaria. Schazamán planea ir a visitar a su hermano, pero antes descubre que su esposa le está engañando, así que les corta la cabeza a los culpables. En el palacio de su hermano, Schazamán descubre además que la esposa de éste también engaña al rey, al que va a contarle lo ocurrido.

Juntos descubren nuevos engaños de las mujeres, así que Schariar acaba encerrando a la sultana y matándola delante del visir. Luego, con su propia mano, decapita a todas las mujeres de la corte. Creyendo que todas las mujeres son igual de infieles, ordena a su visir que le consiga una esposa cada día, para matarla siempre tras pasar una noche con las infelices. Este horrible designio es quebrado por Sherezade, hija del visir: esta se ofrece como esposa del sultán y la primera noche logra sorprender al rey contándole un cuento. El sultán se entusiasma con el cuento, pero la muchacha interrumpe el relato antes del alba y promete el final para la noche siguiente. Así, durante mil noches. Al final, ella da a luz a dos hijos y después de mil y una noches, el sultán conmuta la pena y viven felices (con lo que se cierra la primera historia, la de la propia Sherezade).
Las historias son muy diferentes e incluyen cuentos, historias de amor o tanto trágicas como cómicas, poemas, parodias y leyendas religiosas musulmanas. Algunas de las historias más famosas de Sherezade circulan en la cultura occidental traducidas como Aladino y la lámpara maravillosa, Simbad el marino y Alí Babá y los cuarenta ladrones. Sin embargo, es posible que relatos tan famosos como “Aladino” o “Las aventuras de Simbad el marino” sean añadidos posteriores: algunos autores conjeturan que tras el éxito que tuvo el libro en el siglo XVII, muchos editores empezaron a añadir relatos al conjunto original. Los personajes de Aladino y Simbad podrían formar parte de esos añadidos,  recogidos de la tradición oral de un cuentista cristiano de Alepo en Siria.
 En muchas historias se representa a genios, espíritus fantásticos, magos y lugares legendarios que son mezclados con personas y lugares reales; el histórico califa Harún al-Rashid es un protagonista usual. A veces algún personaje en los cuentos de Sherezade comienza a contarle a otros personajes una historia propia, y esa historia puede incluir otra historia dentro de ella, lo que resulta en una textura narrativa jerárquica.



El amor, a lo largo de los tiempos 


1. ¿Qué es para ti el amor? ¿En qué consiste? ¿Cómo se distingue el amor de otro tipo de relaciones?
2. Da tu opinión acerca de los textos de estas canciones: 

 
3. Averigua las costumbres de los mosuo de China y los siriono de Bolivia. ¿Qué te parece?
Veamos ahora cómo ha evolucionado la cuestión a lo largo de la historia de occidente:  

 
1. Ovidio: el amor como cacería.
  El Arte de amar (en latín, Ars amatoria) es un poema didáctico escrito por el poeta romano Ovidio. Escrito en latín y publicados entre los años 2 a. C. y 2 d. C. consta de tres libros o cantos en los que facilita una serie de consejos sobre las relaciones amorosas: dónde encontrar mujeres, cómo cortejarlas, cómo conquistarlas, cómo mantener el amor, cómo recuperarlo, cómo evitar que nos lo roben, etc.
"Pues te hallas libre de todo lazo, aprovecha la ocasión y escoge a la que digas: «Tú sola me places.» No esperes [...] El cazador sabe muy bien en qué sitio ha de tender las redes a los ciervos y en qué valle se esconde el jabalí feroz. El que acosa a los pájaros, conoce los árboles en que ponen los nidos, y el pescador de caña, las aguas abundantes en peces. Así, tú, que corres tras una mujer que te profese cariño perdurable, dedícate a frecuentar los lugares en que se reúnen las bellas.
Si te cautiva la frescura de las muchachas adolescentes, presto se ofrecerá a tu vista alguna virgen candorosa; si la prefieres en la flor de la juventud, hallarás mil que te seduzcan con sus gracias, viéndote embarazado en la elección; y si acaso te agrada la edad juiciosa y madura, créeme, encontrarás de éstas un verdadero enjambre. Cuando el sol queme las espaldas del león de Hércules, paséate despacio a la sombra del pórtico de Pompeyo,
pero donde has de tender tus lazos sobre todo es en el teatro, lugar muy favorable a la consecución de tus deseos. Allí encontrarás más de una a quien dedicarte, con quien entretenerte, a quien puedes tocar, y por último poseerla.  

2. Platón: el idealismo

Platón, tal y como se nos muestra en el discurso de Sócrates, cree que el amor es la motivación o impulso que nos lleva a intentar conocer y contemplar la belleza en sí. Esta orientación se produce en un proceso gradual que comienza con la apreciación de la apariencia de la belleza en una persona (por ejemplo, la belleza puramente física), continúa con la belleza física en general, y luego avanza hacia la apreciación de la belleza espiritual (la del carácter, la del alma), la de la belleza de las leyes y las costumbres en la sociedad, la que se encuentra en las artes y las ciencias, etc. Todos estos pasos deben finalmente superarse hasta alcanzar el punto culmen del proceso: el conocimiento apasionado, puro, y desinteresado, de la esencia de la Belleza misma.
Fragmento de El banquete de Platón:
A continuación, debe considerar más valiosa la belleza de las almas que la del cuerpo, de suerte que si alguien es virtuoso del alma, aunque tenga un escaso esplendor, séale suficiente para amarle, cuidarle, engendrar y buscar razonamientos tales que hagan mejores a los jóvenes, para que sea obligado, una vez más, a contemplar la belleza que reside en las normas de conducta y a reconocer que todo lo bello está emparentado consigo mismo, y considere de esta forma la belleza del cuerpo como algo insignificante.
 
3. Ritos mágicos de comunión e intercambio de corazones: leyenda de Guillem de Cabestany.



En el siguiente texto encontramos los ingredientes históricos y literarios que componen la idea actual del amor. Identifica esos ingredientes: 
"A partir del instinto predatorio patentizado en Ovidio, matizado por el idealismo platónico [...], el emocionalismo [...] nacido del trasfondo mágico de la prehistoria, se llega a una refundición de todos esos aspectos [...] en Andalucía hacia el año 900 [...] De allí pasará a Occitania donde, al enriquecerse con la tradición céltica de los bardos, dará eclosión al mundo de los trovadores, para pasar más tarde, tras el genocidio cátaro, a Italia, donde la escuela de Dante le dará la forma definitiva en que se ha incorporado a la cultura occidental."

Luis Racionero: El mediterráneo y los bárbaros del norte.

 4. La poesía amatoria en Al-Ándalus.


La amada

¡Oh mi elegida entre todos los seres humanos!
¡Oh Estrella! ¡Oh luna!
¡Oh rama cuando camina,
oh gacela cuando mira!
¡Oh aliento del jardín, cuando
le agita la brisa de la aurora!
¡Oh dueña de una mirada lánguida,
que me encadena!
¿Cuándo me curaré? ¡Por ti daría la vista y el oído!
Tu frescor aliviaría
la oscuridad de mi corazón.


Amor onírico

Te he visto en sueños en mi lecho
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada,
era como si me abrazases y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento,
es como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas, y lograse mi deseo.
¡Por tu amor!, si no me visitase tu imagen
en sueños, a intervalos, no dormiría más[24].


  5
¡Ay, aquella gacela joven!
a quien pedí el licor,
y me dio generosa
el licor y la rosa.
Así pasé la noche
bebiendo del licor de su saliva,
y tomando la rosa en su mejilla. 


El collar de la paloma



El collar de la paloma o Tawq al-hamāma es una obra en prosa del siglo XI escrita en lengua árabe por Ibn Hazm. Se trata de un libro de reflexiones sobre la esencia del amor intentando descubrir lo que tiene de común a través de los siglos y las civilizaciones de influencia neoplatónica, que fue llamado "amor udrí", incluyendo detalles autobiográficos y documentales. Constituye también un diwan, o antología poética de tema amoroso, pues está empedrado de composiciones elegantes y refinadas. Se exponen en ella diversos aspectos de la experiencia amorosa, por lo que constituye un testimonio de primera mano de la vivencia del amor en al-Ándalus durante el gobierno de la dinastía omeya. Fue escrito en Játiva hacia 1023.


Lee aquí lo poemas de El collar de la paloma
 

En la sociedad musulmana hispánica del siglo XI, la mujer era considerada como un ser inferior. Por ello son abundantes los ejemplos de esclavitud femenina en esta obra. Opina que la mujer no es casta si difunde el nombre del varón que la ama y consiente que anden en lenguas tales amores. En El collar de la paloma, la mayor parte de las mujeres que aman son esclavas; las pertenecientes a familias principales se encontraban recluidas en los alcázares y por eso se enamoraban con facilidad de los parientes varones al oír hablar de ellos.
 
 EL HOMBRE Y LA MUJER MUSULMANES FRENTE AL AMOR
Opina el autor que la inclinación a la concupiscencia y a la murmuración son iguales en los hombres y en las mujeres, así como la coquetería. Sin embargo, añade que el hombre es superior a la mujer físicamente, por su resistencia. Observa notables diferencias entre los dos sexos, que se deben a la educación de la época. Según él, las mujeres tienen el pensamiento desocupado de todo lo que no sea la unión sexual, porque no se ocupan de otra cosa. Los hombres, en tanto, andan preocupados en ganar dinero, en procurarse la aceptación y el favor del soberano, en estudiar la ciencia, en velar por la familia, en cazar, en luchar en la guerra, en arar la tierra. Todas esas labores no les permiten estar ociosos. El hombre ocupa, pues, los puestos de responsabilidad y tiene la oportunidad de estudiar. En esta sociedad reflejada por Ibn Hazm, la mujer es un objeto de adorno para el recreo y goce del varón.


Sobre la creencia común que el dominio de los apetitos carnales se halla
sólo en los hombres y no en las mujeres, escribe:

 
... Tengo dicho, y no me vuelvo de ello, que hombres y
mujeres son iguales en punto a su inclinación por entrambos
pecados de maledicencia y concupiscencia. No hay
hombre a quien requiera de amor una mujer hermosa, e
insista en hacerlo, sin que haya impedimento, que no caiga
en las redes de Satanás y no se vea atraído por el pecado,
encandilado por la lujuria y levantado por el deseo,
del mismo modo que no hay mujer a quien requiebre un
hombre en parecidas circunstancias, que no se dé a él... 


El amor, para Ibn Hazm, es un accidente. Empieza en broma y acaba de veras. Porque es sublime, los sentidos son sutiles para captarlo y no es posible entender su esencia, sino tras dilatado esfuerzo y empeño. El amor en aquella sociedad musulmana del siglo XI no estaba reprobado por su santa Ley ni prohibido por la fe.
El autor utiliza una serie de tópicos para definirlo. Según él, es una dolencia rebelde que, paradójicamente, es deliciosa. En resumen, es un mal apetecible.

Poemas de El collar de la paloma



5. Los bardos celtas 

Un bardo, en la historia antigua de Europa, era la persona encargada de transmitir las historias, las leyendas y poemas de forma oral además de cantar la historia de sus pueblos en largos poemas recitativos.

Los antiguos bardos cantaban y enseñaban las historias de los héroes de la tradición céltica, sabían y memorizaban innumerables versos que luego acompañaban con el sonido de su lira. Los bardos eran iniciados en el culto druídico, conocían sus secretos, pero eran de menor relevancia que los druidas en sí. En la Edad Media, pervivieron los bardos, pero esta vez solo con oficio musical, ya que el culto druídico desapareció. Todos los nobles tenían a un bardo que cantase e inmortalizase sus hechos.

El concepto céltico del amor, expresado en el romance de Tristán e Isolda, es la inaccesibilidad del amor; amor como deseo insatisfecho, amor del amor, y , en último extremo, deseo de muerte al no alcanzarse físicamente el ideal desmesurado del amor insaciable, representado en la repetida y fatal separación de los amantes. 


Tristán e Isolda es una leyenda, incorporada al ciclo arturiano, que cuenta la historia de amor entre un joven llamado Tristán y una princesa irlandesa llamada Isolda, conocida popularmente como «La blonda» (la rubia), para distinguirla de otro personaje homónimo en el mismo relato, «Isolda la de las manos blancas». La principal característica de la historia se basa en mostrar un idilio extraordinario, que escapa de todas las normas y de los sentidos morales, centrando su atención en los sentimientos de los protagonistas. La trama, está enraizada en tradiciones que probablemente se remontan a la época de la dominación vikinga de la isla de Irlanda en el siglo X, durante el periodo del Reino de Dublín, aunque incluye elementos procedentes probablemente de otros ámbitos culturales.


 











6.  Amor cortés y caballeresco.

"En el arte de los trovadores se fusiona una tradición de bardos y una temática amorosa venida del mundo céltico con una forma musical y cortés procedente de Al-Ándalus. 
Aquí [en el amor cortés de Occitania] el elemento mórbido del amor celta se funde con el sentimiento gozoso del amor complacido tal y como se expresa en El collar de la paloma de Ibn-Azam. El trascendentalismo de los metafísicos amores nórdicos cede su preeminencia al gozo del amor físico árabe."


Buen compañero, no sé si dormís o veláis.
Despertad suavemente, no durmáis más,
pues veo la estrella del alba crecida,
la que trae el día, que me es conocida,
¡y pronto llegará el alba!

Buen compañero, cantando os llamo;
no durmáis ya, que oigo el pájaro cantar
buscando el día por el monte
y tengo miedo de que el celoso os sorprenda,
¡y pronto llegará el alba!

Buen compañero, desde que me separé de vos
poder no he dormido ni he dejado de estar de rodillas.
A Dios he pedido, al hijo de Santa María,
que me devolviese vuestra leal compañía.
¡Y pronto os llegará el alba!

Dulce buen compañero, estoy en tan feliz compañía
que quisiera ya no hubiera ni alba ni día,
en brazos tengo lo más bello nacido de madre,
por lo que nada me importa, ni el necio celoso
ni el alba.

Giraut de Bornelh


Lee aquí poesía de trovadores de Occitania
 

  "¿Qué podía hacer una dama occitana del siglo XI, portadora de una antigua tradición de refinamiento, acostumbrada a la tradición urbana del Mediterráneo, enfrentada a la creciente prepotencia e inminente intervención de los bárbaros señores de la guerra, brutales y czadores, que feudalizaban el norte de Europa[...] No deseando amoldarse alas costumbres brutales de los hombres del nrte, que oscilaban entre la guerra y la caza, el perro y la dama buscaron la manera de obligarles a doblegarse ante ellas y a tratarlas con gentileza; y este medio fue la invención del amor cortés, propagado por los trovadores.
Las cortes de amor eran tribunales de damas donde los amadores agraviados podían presentar sus quejas y dirimir sus pleitos con dificultosas amantes"

Luis Racionero: El mediterráneo y los bárbaros del norte (pág 131)


Las Cortes de Amor se regían por una Teoría de la Cortesía, unos Preceptos de Amor y unas Reglas de amor. Los trece Preceptos de Amor son:
    1º. Huye de la avaricia como de una plaga peligrosa y practica la liberalidad.
    2º. Evita siempre la mentira.
    3º. No seas maledicente.
    4º. No divulgues los secretos de los amantes.
    5º. No tengas varios confidentes de tu amor.
    6º. Resérvate para tu amante.
    7º. No trates a sabiendas de apartar a tu prójimo de su amiga.
    8º. No busques el amor de una mujer que de algún modo te avergonzara desposar.
    9º. Estate siempre atento a los requerimientos de las damas.
    10º. Trata siempre de ser digno de pertenecer a la caballería del amor.
    11º. En toda circunstancia muéstrate fino y cortés.
    12º. Al entregarte a los placeres del amor, no sobrepases nunca los deseos de tu amante.
    13º.  Así des o recibas los placeras del amor, observa siempre cierto pudor.


En cuanto a las Reglas de Amor, fueron las siguientes:

    1º.  El pretexto del matrimonio no es una excusa válida contra el amor.
    2º. Quien no es celoso no puede amar.
    3º. Nadie puede tener dos amantes a la vez.
    4º. El amor siempre debe disminuir o aumentar.
    5º. No tiene ningún sabor lo que el amante obtiene sin el consentimiento de su amada.
    6º. El hombre no puede amar sino después de la pubertad.
    7º. Al morir uno de los amantes, el que sobrevive esperará dos años.
    8º. Nadie, sin razón suficiente, debe ser privado del objeto de su amor.
    9º. Nadie ama verdaderamente, si no está impulsado por la esperanza del amor.
    10º. El amor abandona siempre el domicilio de la avaricia.
    11º. No conviene amar a una dama a la que uno se avergonzaría desposar.
    12º. El verdadero amante no desea otros besos que los de su amada.
    13º. El amor rara vez dura cuando se lo divulga demasiado.
    14º. Una conquista fácil quita al amor su validez; una conquista difícil, lo acrecienta.
    15º. Todo amante debe palidecer en presencia de su amada.
    16º. A la vista súbita de su amada, el corazón del amante debe estremecerse.
    17º. Amor nuevo expulsa al viejo.
    18º. Sólo los merecimientos nos hacen dignos de amar.
    19º. Cuando el amor disminuye, se debilita con rapidez, y rara vez se recupera.
    20º. El enamorado es siempre tímido.
    21º. Los celos verdaderos siempre acrecientan el amor.
    22º. Una sola sospecha en cuanto a la amada, y los celos y el ardor de amar aumentan.
    23º. Ni come ni duerme aquel a quien carcome una pasión de amor.
    24º. Cualquier acto del amante termina con el pensamiento de la amada.
    25º. El verdadero amante no halla nada bueno en lo que a su amada no le place.
    26º. El amante no rehusa nada a su amada.
    27º. El amante no se harta nunca de los placeres de su amada.
    28º. La menor presunción empuja al amante hacia las peores sospechas sobre su amada.
    29º. No ama verdaderamente quien ama con demasiada lujuria.
    30º. El verdadero amante está siempre absorto en la imagen de su amada.
    31º. Nada impide a una mujer ser amada por dos hombres, ni a un hombre ser amado por dos mujeres.


Escoge, de todas estas reglas y preceptos, tres con las que estés de acuerdo y tres con las que no. 


1
Un extranjero en los confines de levante
da gracias a la brisa,
porque lleva su saludo
hasta occidente.
¿Qué mal habrá en que el aliento
de la brisa lleve
un mensaje de amor que envía
un cuerpo al corazón?
  5
¡Ay, aquella gacela joven!
a quien pedí el licor,
y me dio generosa
el licor y la rosa.
Así pasé la noche
bebiendo del licor de su saliva,
y tomando la rosa en su mejilla.
 
 
9
¡La que deja humilladas a las ramas de largos cabellos
cuando se mece,
y desprecia al cervatillo adormecido
cuando mira!
Te rescata de mí un amante. Extraño caso:
siempre que ofendes tú, él ofrece disculpa
y nunca me ha salvado de ti sentir la prevención.
Es imposible que las mañas de la pasión usen cuidado.
Tu amor es tentación predestinada.
¿Cómo podría el joven defenderse de su destino?
 
 
11
Manda a tu voluntad, yo soy constante,
no temas de mí olvido ni mudanza.
¿Cómo puede olvidar quien desde tu partida
ya no encuentra en la vida sabor, ni olvido en la distancia?
Tú me matas de amor y me sometes a pruebas de dolor,
me rompes de pasión y me dejas en herencia el sufrimiento.
Si yo guardara, infiel, el olvido en mi corazón,
no esperaría más, ¡mi esperanza!, vivir contigo.
¡Por Dios!, que jamás mi corazón amó de nuevo,
ni pudo aceptar otro amor que el tuyo.
 
13
¡Oh la peregrina distante cuyos lares están
en la reserva del corazón!
Tus bienes te hicieron olvidar al siervo
del que tú solo eres señor.
Las horas gozadas te alejaron de él
y ya ni su recuerdo se asoma a tu frente.
Quieran mis vigilias sostener la esperanza
cuyo sentido conocen tan sólo el destino y mis días.
 
15
¿Cuándo te contaré lo que me aflige?
¡Mi consuelo y tormento!
¿Cuándo tomarán mis labios
el lugar de la pluma al expresarme?
Bien sabe Dios que yo
por tu culpa me he puesto en este estado,
pues no encuentro sabor en los manjares
ni hallo grato el beber.
¡Tentación del devoto!,
¡oh pretexto del seductor!
Tú eres sol que se oculta
tras un cendal a mis miradas.
La luna, cuyo esplendor se filtra
a través de la nube transparente,
es igual a tu rostro cuando
bajo el velo se alumbra.
 
2
¿Por qué has cortado el lazo de la unión,
¡por Dios santo!, y te haces tan altiva con el vil?
¿Por qué rechazas la súplica de un amor
y una amistad sincera del que ya tiene el cuerpo enfermo?
¿Por qué no me visitas, ya que no sueles hacerlo
en persona, con carta o mensajero?
Tu veleidad desorienta mi astucia.
¿Acaso la astucia sirve de algo al fatigado?
 
4
¿Qué mal puede haber en que te muestres compasiva
si tú eres mi enfermedad y tú lo sabes?
Te complace, ¡mi exigencia y mi deseo!,
estar libre de mi queja
y reírte del amor mientras yo lloro.
Dios sea el juez de nuestro pleito.
Yo exclamo, cuando el sueño se me escapa,
como el afligido por su corazón enamorado:
¡La que duerme y por cuyo amor sufro vigilias,
regálame el sueño!, ¡tú que duermes!
 
6
¿Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas
y no ignoras el lugar que en mi corazón ocupas,
y cómo el amor me guía y me dejo llevar con obediencia
y no soporto más cadenas que las tuyas,
te satisface que la enfermedad me revista como túnica al cuerpo?
He teñido de negro por su causa mis ojos con vigilias.
Pasa tus ojos sobre las líneas de mi escrito
y encontrarás mis lágrimas desposadas con la tinta.
¡Por Dios!, ¡que ya mi corazón se derrama
en su lamento por un corazón tan duro!
 
8
¡Si yo supiera que alguna vez te encontraré en la soledad,
para poder quejarme de algo de lo que siento!
¡Dios traiga el día en que pueda declarar mi amor
con las lágrimas de mis ojos como testigo!
 
10
¿Cómo puede el tiempo hacerme sentir la desolación
cuando tú eres mi compañía,
y hacerme el día tan oscuro
cuando tú eres mi sol,
y plantar en tu amor mis deseos,
pero recoger la muerte entre los frutos
de mi siembra?
Has pagado con la traición mi lealtad
y has malbaratado mi amor injustamente.
Si el destino se sometiera a mi razón,
te rescataría de sus contradicciones al precio
de mi ser.
 
12
¡Por el ramo oloroso cuyo perfume cura al enfermo;
alientos ungidos, dulce aroma!
Con él me señalan los dedos suaves
de una joven esbelta, sus ojos oscurecidos con colirio de magia.
Espléndida belleza hecha de amor asciende entre sus ramas,
enferma con almizcle de radiantes virtudes.
Cuando ofrece jazmines con su mano,
recibo estrellas luminosas de mano de la luna.
Tiene virtudes dulces en un hermoso cuerpo,
una elegancia como fragante perfume o aroma de vino,
y consuela mi alma con una plática que me da contento
como los deseos y la unión que siguen a la ausencia.
 
 
14
¡La que hice famosa entre los hombres
por mi corazón abrumado de anhelos y penas!
Ausente tú no encuentro ser que me consuele
y tú presente toda la humanidad está conmigo.
 
 
 
 
 
 
 

 

 

V.  AL-MUTAMID (1040-1095).

Si los andalusíes hubiesen compuesto cantares de gesta, su héroe indiscutible hubiese sido el rey al-Mu`tamid de Sevilla. Al–Mutamid, ocupa un distinguidísimo lugar entre los poetas árabes y por su extraño destino, y por la trágica caída en que arrastró a todos los suyos, aparece como un héroe digno de la poesía. A pesar de su índole malvada, este tirano cruel, no sólo fue amante y favorecedor de las letras, sino también poeta y autor de muchas composiciones. Sirva de ejemplo la siguiente a la ciudad de Ronda:
La perla de mis dominios, mi fortaleza te llano,
desde el punto en que mi ejercito,  a vencer
acostumbrado, con lazas y con alfanjes,
te puso al fin en mi mano. Hasta que llega
a la cumbre de la gloria peleando, mi ejercito
valeroso no se reposa en el campo. Yo soy
tu señor ahora, tu mi defensa y amparo.
Dure mi vida, y la muerte no evitaran
mis contrarios. Sus huestes cubrí de oprobio.
En ellas sembré el estrago, y de cortadas
cabezas. Hice magnífico ornato, que ciñe,
cual gargantilla. Las puertas de mi palacio[19].
 

V. 1.  LA POESÍA DE AL-MU`TAMID.

La poesía de Al-Mu`tamid de Sevilla está, en gran parte, libre del lenguaje hermético para los no iniciados que emplea con profusión la poesía árabe medieval. La clave de su claridad se encuentra, tal vez, en un hecho extraliterario: su condición real, que le permitió servirse de la poesía y no ser el sirviente de ésta.
Su poesía no está libre de retórica, pues utiliza diversos juegos de palabras típicos de la poesía árabe: Tagnís o paranomasia, tadmín o intercalación, e incluso un acróstico, pero siempre con un refinado equilibrio. Su léxico, por otra parte, es sencillo, sin arcaísmos ni palabras rebuscadas.
Su lenguaje poético parece centrarse en la antítesís, especialmente en la contraposición luz/oscuridad, por lo que su poesía se convierte, en su primera época, en nocturna y astral: la noche iluminada por los astros es la única descripción de la naturaleza que se encuentra en sus poemas. Los otros elementos naturales (jardín, flores, animales, agua) sólo aparecen como comparaciones antropológicas. El léon será el guerrero; la gacela, la mujer; el agua será metáfora de la generosidad como rocío o como nube y en sus poemas del exilio, será llanto, hiperbólicamente transformado en lluvia y océano; los pájaros serán, también en Agmat, metáforas de la libertad. La mujer será jardín perfumado, rama por su cintura y  rosa por sus mejillas, pero sobre todo astro:

La amada

¡Oh mi elegida entre todos los seres humanos!
¡Oh Estrella! ¡Oh luna!
¡Oh rama cuando camina,
oh gacela cuando mira!
¡Oh aliento del jardín, cuando
le agita la brisa de la aurora!
¡Oh dueña de una mirada lánguida,
que me encadena!
¿Cuándo me curaré? ¡Por ti daría la vista y el oído!
Tu frescor aliviaría
la oscuridad de mi corazón[20].
Y él mismo se describe como un astro, la luna, rodeado de los antitéticos doncellas/estrellas y caballeros/tinieblas. La oposición tinieblas/luz se convierte en tropos de los sentimientos:
La noche de tu ausencia es larga
¡Que nuestro abrazo de amor sea como el alba[21]!
Sin el contraste de las tinieblas, al-Mu`tamid no gusta demasiado del sol diurno, símbolo de la gloria:
Nuestra gloria es como el sol, en altura y brillo[22].
Por eso lo prefiere velado, por la luna o las nubes:
Se levantó y veló de mis ojos con su figura,
el disco solar ¡Ojala se velase igual la desgracia!
Ella sabe sin duda que es una luna.
¿Qué puede ocultar el sol sino la faz de la luna?
Cuando te lanzaste al combate, enlorigado,
velado el rostro con el almófar,
creímos que tu rostro era el sol de la mañana,
velado por una nube de ámbar[23].
La noche tiene otro significado para el poeta: el sueño, lleno de visiones eróticas. Sus poemas oníricos son los más sensuales, como vemos en este poema:

Amor onírico

Te he visto en sueños en mi lecho
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada,
era como si me abrazases y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento,
es como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas, y lograse mi deseo.
¡Por tu amor!, si no me visitase tu imagen
en sueños, a intervalos, no dormiría más[24].
 
El vehículo normal de su poesía es la casída y la métrica clásica árabe. En los siguientes ejemplos presentamos una antología de poemas del poeta, donde creemos que podrá observarse su calidad poética[25].
TRES COSAS
Tres cosas impidieron que me visitara
por miedo al espía y temor del irritado envidioso;
la luz de su frente, el tintineo de sus joyas
y el fragante ámbar que envolvía sus vestidos.
Supón que se tapa la frente con la amplia bocamanga,
y se despoja de las joyas, más ¿Qué hará con su aroma?

 

EL COPERO, LA COPA Y EL VINO

Apareció, exhalando aromas de sándalo,
al doblar la cintura por el esbelto talle,
¡Cuántas veces me sirvió, aquella oscura noche,
en agua cristalizada, rosas líquidas!
 
DESPEDIDA
Cuando nos encontramos para despedirnos, de mañanita,
ya tremolaban las banderas en el patio del alcázar;
eran acercados los corceles, redoblaban los atabales:
eran las señales de partida.
Lloramos sangre, hasta que nuestros ojos eran como heridas
al fluir aquel líquido rojo.
Y esperábamos volver a vernos a los tres días...
¿Qué habría sucedido si hubiesen sido más?

 

EL RELÁMPAGO

El relámpago le asustó, cuando en su mano
el relámpago del vino resplandecía.
¡Ojalá supiera cómo, si ella es el sol de la mañana,
se asusta de la luz!

CARTA

Te escribo consciente de que estás lejos de mí,
y en mi corazón, la congoja de la tristeza;
no escriben los cálamos sino mis lágrimas
que trazan un escrito de amor sobre la página de la mejilla;
si no lo impidiera la gloria, te visitaría apasionado
y a escondidas, como visita el rocío los pétalos de la rosa;
Te besaría los labios rojos bajo el velo
y te abrazaría del cinturón al collar;
¡Ausente de mi lado, estás junto a mí!
Si de mis ojos estás ausente, no de mi corazón.
¡Cumple la promesa que nos hicimos, pues yo,
tú lo sabes, cumplo mi parte!

LA AURORA LADRONA

Disfrazó la pasión que quería ocultar,
más la lengua de las lágrimas se negó a callar;
Partieron, y ocultó su dolor, más lo divulgó
el llanto de la pena, tan evidente y balbuceante;
les acompañé mientras la noche descuidaba su vestidura,
hasta que apareció ante sus ojos una señal evidente:
Me detuve allí perplejo: la mano de la aurora
me había robado las estrellas.
EL CORAZÓN
El corazón persiste y yo no cesa;
la pasión es grande y no se oculta;
las lágrimas corren como las gotas de lluvia,
el cuerpo se agosta con su color amarillo;
y esto sucede cuando la que amo, a mí está unida:
¿Qué sería, si de mí se apartase?
VI. La situación de la poesía en Oriente “la época del estado abbassi”.
Los poetas árabes se cuentan por millares. Pero obsérvese que, ordinariamente, el europeo ilustrado no podría mencionar un solo bardo árabe, a pesar de que los poetas árabes son tan numerosos como las estrellas del firmamento o como las flores que alegran el jardín del mundo[26]. Sin embargo, entre tanta abundancia, ocurre que para hallar, por ejemplo, un europeo enterado de quién es el primero de los poetas árabes, al menos del período de oro musulmán, hay que acudir a un especialista para que nos diga que fue muy famoso Al Mutanabbi, que vivió entre los años 915 y 965 d.C.; y  también lo fue el cínico y genial Abu Nowas ( 806-813).
A pesar de la división política, y lejos de destruir el impulso de la cultura musulmana, los desórdenes sociales la estimularon. Indudablemente, la época de los Abbassi es su Edad de Oro. Cualquiera que haya sido el papel material y cultural desempeñado por las cortes de los príncipes, lo cierto es que, frente a la cultura europea de la época, la cultura musulmana se caracteriza socialmente por una difusión más amplia, ligada al desarrollo urbano y a la fabricación del papel. La mayor parte de los «sabios» eran hombres que tenían un oficio. No había ninguna ciudad, exceptuando las principales, que no contase con una biblioteca o más, y con escuelas y estudiantes dependientes de las mezquitas o de fundaciones privadas, ya que se consideraba que era una obra pía contribuir a extender la ciencia. A lo largo de todo el mundo, se emprendía la búsqueda de los manuscritos que contenían la ciencia y auténticos ejércitos de copistas trabajaban para multiplicarlos.  Los waqfs se encargaban de su mantenimiento, igual que los maestros y sus discípulos, muchos de los cuales no disponían de una gran fortuna. El oficio de librero era remunerador. Sin embargo, antes del siglo XI, no hubo en ningún sitio una enseñanza auténticamente oficial, lo que traía consigo una notable diversidad. Los estudiantes, con frecuencia de cierta edad, iban de maestro en maestro, de ciudad en ciudad, para completar su «búsqueda de la ciencia». «Leían bajo» la supervisión de un maestro, o más exactamente, lo escuchaban tomando notas, mientras leía un texto básico y lo comentaba, pata discutirlo después entre ellos. Los que habían superado las pruebas estaban autorizados para transmitir lo que el maestro les había transmitido a ellos. El fin perseguido era llegar a ser omnisciente.
Los letrados y los sabios se encontraban en las audiencias, es decir, en los «salones» de los mecenas. La atmósfera era liberal en extremo, a pesar del ardor de las discusiones. En ningún otro lugar durante la Edad Media, y tampoco más tarde en el mundo musulmán, podremos encontrar un ambiente similar.
En este período, al igual que en los anteriores, no había una separación clara entre la reflexión religiosa y el pensamiento literario o científico. Ciertamente, se distingue entre las ciencias musulmanas y las restantes ciencias, pero apenas se puede encontrar a alguien que no haya cultivado ambas y, de todos modos, los problemas que se planteaban filósofos y sabios incidían necesariamente en el terreno religioso.
            En esta época, bajo el poder de la dinastía de los abasidas, el Islam alcanza el máximo esplendor en las ciencias y en las artes, haciendo de Bagdad el centro no sólo político, sino también cultural del califato al que acuden la mayoría de escritores, como el persa Bachchar Ibn Bourd (del 783); Al Bohtori nacido en 820 y muerto en 897; la poetisa Fadhl (del 873), célebre como admirable improvisadora, y otros muchos. Al mismo tiempo se hizo notar la influencia de Persia, con su refinamiento, su elegancia, su cultura, y, fundiéndose con las cualidades árabes, dio por resultado el gran período clásico o Siglo de Oro de la literatura árabe, en el que observamos -en los países conquistados por los musulmanes- un desarrollo progresivo y rápido, pues todos se esfuerzan en aprender la lengua del Islam. Pero muchos no se contentan con esto, sino que también quieren dominarla a la perfección y dominar su literatura. Cuando nos acercamos a la mitad del siglo II de la Hégira (VIII y IX d.C.), nos encontramos con muchos poetas que no son árabes, sino que pertenecen a los pueblos extranjeros dominados por los árabes[27].
En este período, la producción literaria adquiere un nuevo carácter.  Compuesta por una sociedad urbana, está dirigida por primera vez a las poblaciones de estirpe no árabe. Si pasamos revista a los poetas que sobresalieron en esta época, ornato de Bagdad, de los que se enorgullece la civilización islámica, hallaremos que muchos son persas, o bien de origen semita (arameo y nabateo), que conocen la lengua árabe y destacan en la misma, dando lugar a que surjan poetas que rivalicen con los poetas árabes y puedan alcanzar la posición de primerísima figura.
A medida que avanza el siglo II de la Hégira (VIII y IX d.C.), comprobamos que la lengua árabe, restringida al norte de la Península Arábiga, solamente es hablada por tribus de beduinos cuya forma de vida tan agreste es lo más penoso que se pueda describir, aunque más tarde se dulcificó. Esta lengua pudo reunir la literatura de la India, la filosofía de los griegos y la cultura de los persas. Todo esto transcurre en tan poco tiempo que no podemos afirmar que fuera suficiente para transferir estas culturas a una sola lengua, de forma que se transformen estas comunidades en una sola de sentimiento y pensamiento homogéneos, en una sola cultura donde no resalte diferencia alguna[28].
Pero alejados de Bagdad, brillaban Abu Temmam (del 846), autor de la antología llamada Hamasa (que literalmente significa la fuerza); Al-Mutanabbi (915-965), el poeta famoso de noble entonación en sus versos ampulosos de aspirante a profeta y a rey; Abu Firas al-Harndani, el que muchos consideran creador de un arte ingenioso y sugestivo y cuya corte de Alepo fue un centro de cultura donde brilla también Al-Mutanabbi.
En este período clásico de la literatura árabe, la casida adquiere un carácter cada vez más ceremonial, pues se enriquece de tecnicismos y de artificiosidad persiguiendo la belleza de la metáfora y de los símiles. Éste es el “nuevo estilo”, llamado por los filólogos al-badiâ, que fue adoptado por vez primera con éxito por Bashshar Ibn Burd. Pero su principal exponente es Abu an-Nowas, que se educó en la escuela de Basra y vivió en la corte del gran califa Harun al-Rashid.
Abu an-Nowas (h. 139 – h. 199), alegre y cínico, cantor del vino y de las tabernas, de las danzarinas y de los efebos, de los jardines y de las aguas claras, funde el sentimiento persa del dolor cósmico con la índole pasional de los beduinos. En edad tardía se dedica a la mística componiendo poemas ascéticos.
Muy distinto es su austero contemporáneo Abu al-Âatahiya (h. 748 - h. 825), de personalidad ascética y poeta en una lengua sencilla accesible al pueblo.
Al Mutanabbi (915-965)
Abul Tayyib Ahmad ibn al Hussein, al-Mutanabbi, nació en Cufa (Irak), en el barrio de los Kindíes, en el año 915, el año 303 de la Hégira. Su padre era un humilde aguador, un beduino agobiado por la ciudad, pero descendiente de la orgullosa tribu de los Banu Ju‘fi. Desde niño, Mutanabbi mostró un talento especial para componer versos y recibió la educación más esmerada que la pobreza de su familia permitió. En 927 pasó una larga temporada en el desierto de la Samawa, en donde además de aprender árabe clásico, se "beduinizó" y participó en algunos hechos de armas. Un poco después viviría la gran aventura que deja entrever la soberbia que lo empujaría a buscar en la poesía la expresión más rigurosa y atrevida, y que al final lo perdería. En 933 se interna de nuevo en el desierto y emprende una reescritura poética del Corán[29]. Se finge milagroso y algunos clanes lo siguen.
Abul Tayyib se autoproclama profeta, de ahí el apodo "Mutanabbi" (el que se las da de profeta). La aventura, por supuesto, terminó en la cárcel y sólo la benevolencia de un emir, que atribuyó a la juventud del acusado la descabellada empresa, impidió que Mutanabbi muriera. Tras obtener su libertad, comenzó un frustrante vagabundeo hasta que en 948 llega ante el temido Sayf al-Dawla de Alepo, "Espada del Estado". El valor, la cuna y la generosidad de al-Dawla encontraron su par en el orgullo y el talento de Mutanabbi y se establece así una relación que habría de durar nueve años, nueve años de amistad, guerra, cacerías y luto. Sayf al-Dawla sería reconocido en todo el Islam y a través de los siglos gracias a las odas –llamadas el Saffiyat– que el poeta compuso en su honor. Pero las intrigas de los envidiosos y la falta de astucia de Mutanabbi, cuyo feroz carácter le impedía defenderse de las intrigas, los separaron.
Comenzó entonces un vagabundeo que, después de las glorias que conoció junto al príncipe de Alepo, hubo de ser muy amargo. En septiembre de 957 tuvo que componer un panegírico en honor del visir Kafur de Fostat, en el Cairo Viejo, y la falta de sinceridad es evidente en el poema. Kafur era un esclavo etíope y eunuco, brillante estadista, pero muy distinto del temerario al-Dawla. Después de una agrio ruptura, Mutanabbi se vio obligado a huir, dejando atrás los más ofensivos poemas burlescos, en los que quedan manifiestas la hiel y la rabia.
Hubo de buscar nuevos patronos, ninguno satisfactorio. El poeta, iracundo, ve cómo se repiten los días extenuantes de su juventud, en los que tanto se fatigó buscando un patrono digno de su pluma. En 965, cuando su caravana se acercaba a las puertas de Bagdad, fue sorprendido por los beduinos de la tribu Assad. Mutanabbi y su hijo son acuchillados –se cree que por órdenes de Kafur– y los manuscritos del poeta se pierden en las arenas del desierto.

Abú-l-´Alá´ al-Ma´arri (973-1057 ó 1058)

A partir del año 1000, se inicia la llamada segunda época abbási, de franca decadencia literaria. Con el transcurso de los años, la poesía mira cada vez más a la elegancia de la expresión y a ela riqueza del lenguaje mientras que el contenido pierde poco a poco importancia. La aparición insólita e inesperada de un poeta ilustre es la de Abú-l-´Alá´ al-Ma´arri (973-1057 ó 1058), del que contamos con dos colecciones: una, Saqt az-land (Chispas del eslabón), recoge las primeras poesías, las menos originales; la otra, Luzumiyat (Obligaciones de lo que no obliga), refleja su desprecio por la vida, cantada con acentos llenos de amargura y escepticismo.

La noche es una novia

Aunque con vestido negro hay tal vez una noche tan hermosa como el alba.
En ella nos precipitamos con alegría cuando se detuvo, inquieta, la Pléyade de estrellas.
La noche es una novia oscura que usa collares de perlas.
Esta noche el sueño huyó de mis párpados tal como lo que tranquiliza se evade del corazón del temeroso.
Se diría que la luna creciente desea la Pléyade y que juntas se abrazan para un primer adiós.
¡Ay, nosotros los náufragos!
¿Cómo podrían salvarnos dos estrellas, que en lo oscuro también han naufragado?
La Quilla de la nave Argos es como la mejilla roja de la amada, como el cuerpo del amante en el amor.
Sus pies estelares se mantienen detrás de él y él está en lo imposible
como el que camina con los tobillos quebrados.
Luego se blanquearon las sienes de la noche
que se alarmó de estar tan desamparada: bajo el azafrán ocultó la aurora[30].
El camino del sediento
Muchos protegen sus mejillas de los besos
y no saben qué polvo vendrá a apoderarse de ellas.
Otros atan a su cuello todas las desdichas del mundo
y ni siquiera pueden soportar su propio collar.
Puede ser que el sediento que va hacia el manantial sólo encontrará allí la muerte
[31].
Una palabra de eternidad
Me he alejado de los hombres hasta que no hubiera ya ni uno que se dijera mi hermano,
y defendí a mis enemigos al grado de que nadie me vuelva a considerar un enemigo.
La desdicha se me volvió fácil de soportar como si empezara a amarla.
Se diría que soy una palabra en la lengua de la eternidad, una palabra cargada de fines infinitos.
Algunos insisten en que quieren comprenderme, como si machacaran un sentido multiplicado.
Si sólo a mí me dieran el paraíso, detestaría esa soledad celeste.
¡Que las nubes que en todos lados se esparcen no lluevan ni sobre mi tierra ni sobre mí!
[32]


Fuente aquí