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martes, 10 de abril de 2012

La metamorfosis: temas


1. Lee aquí algunos fragmentos de La metamorfosis y, anotando qué personajes aparecen, describe las actitudes de estos:
  • ¿Sienten miedo, asco, desprecio, compasión...?
  • ¿Ayudan a Gregorio?
  • ¿Qué es lo que les preocupa? ¿Qué quieren?


Autoritarismo.-

Uno de los motivos que se han señalado como fundamentales en la obra del checo es el de la humillación del hombre ante un poder autoritario y veleidoso que, con la relación jerárquica que establece, lo somete y degrada.

2. En el siguiente texto se explica cómo reaccionan los diferentes personajes cuando deben trabajar para otros, así como cuando otros trabajan para ellos. Anota cuáles son estas actitudes en:
  • Gregorio.
  • El jefe de Gregorio.
  • Las criadas de la familia.
  • Los inquilinos a los que la familia acoge para sufragar gastos.
  • El padre.
  • Los demás miembros de la familia.
Nos dividiremos en grupos de seis, de manera que cada uno busque la información relativa a uno solo de estos apartados y la comparta con los demás.

Por un lado, el sistema social inclemente y autoritario se materializa, en la obra, en la figura del "principal" del almacén para el que trabaja Gregorio; este personaje se presenta, por orden del jefe, en casa del protagonista apenas lo echan de menos. El jefe de Gregorio es duro y exigente; sus compañeros, apenas unas figuras fugaces: los otros comerciantes con los que tiene un trato de lo más superficial; el "principal" que viene a buscarlo, un impertinente que ni por un momento siente compasión por Gregorio, al que aún todos creen simplemente algo enfermo, ni trata de ayudar a un empleado que, por lo que sabemos, es un trabajador modélico. Cuando Gregorio se muestra en su horriplante nuevo estado, el "principal" huye despavorido y ya nada volveremos a saber de él: si Gregorio no está en condiciones de trabajar, entonces ya simplemente se esfuma para ellos: nadie pregunta por él, nadie se interesa, nadie se ofrece a echar una mano a la familia en apuros.

La familia Samsa, a pesar de sufrir bajo el yugo autoritario de otros, no resulta menos clemente con el personal que la sirve: si bien se muestra relativamente amable con la primera criada, despidiéndola cuando ésta lo solicita con lágrimas en los ojos, no tiene sin embargo contemplación alguna con el personal sucesor, al que trata con bastante desprecio. Del mismo modo, la madre, la hermana y el padre se muestran ridículamente solícitos con los inquilinos que habrán de acoger en la casa, a los que tratan con indigno servilismo.

Por otro lado, el padre de Gregorio se muestra en principio como una figura indolente que no siente ningún reparo por engordar en su sofá mientras el hijo se desloma cada día por proporcionar a la familia una situación económica favorable, lo cual incluye asumir las deudas contraídas con anterioridad por el padre, tras la quiebra del negocio que regentaba. Gregorio, con abnegación y sacrificio, labora hasta la extenuación para pagar esas deudas, correr con los gastos de toda la familia e, incluso, hacer planes para financiar los estudios musicales de su hermana; más adelante, Gregorio descubrirá que incluso estaba haciendo engrosar unos ahorros que sus padres habían empezado a acumular, sin avisarlo y sin tener en cuenta, como él mismo dice que, con ese dinero, Gregorio podría haberse librado antes de la carga de las deudas. Pero Gregorio no se queja y, humildemente, lo acepta. Es cariñoso especialmente con su hermana, la misma que se encargará de alimentarlo y cuidarlo tras la metamorfosis, pero no escatima muestras de amor con el resto de la familia. Greta trata de corresponder al afecto de Gregorio cuando éste sufre su transformación, pero el padre se muestra, todo lo más, frío y despectivo: ni siquiera manifiesta miedo o repulsión ante el engendro en que se ha convertido su hijo: en el primer contacto que tiene con él le propina una patada con la que lo lanza de nuevo al interior de la habitación, proporcionándole de este modo cruentas heridas; más tarde, cuando Gregorio se escapa e invade el comedor, aterrorizando a todos, el padre llega a la casa y gruñe: "ya os lo había advertido", antes de perseguir a Gregorio con la intención de hacerle daño y el resultado de una herida sobre el lomo del insecto que ya nunca terminará de sanar.


Poco después veremos al padre vestido con su uniforme de botones dorados. Sigue mostrándose con rasgos caricaturescos, con su panza y su obstinación en permanecer en la sala de estar a pesar del sueño, cada noche; aunque, por otra parte, ese uniforme subraya la autoridad de que está investido como cabeza de familia. El uniforme es de conserje, pero evoca otros uniformes de personas más poderosas que él y, sin embargo, probablemente no muy distantes en cuanto a valores y actitudes ante la vida.



Algunos elementos más vendrán a ser simbólicos de la autoridad que se ejerce sobre el individuo, a lo largo de la historia: las puertas con llave, por ejemplo, que Gregorio no posee la habilidad de abrir o cerrar, dependiendo, una vez más, de la voluntad de los otros para moverse libremente.




Dinero.-

Ya en el transcurso del primer día el padre explicó tanto a la madre como a la hermana toda la situación económica y las perspectivas. De vez en cuando se levantaba de la mesa y recogía de la pequeña caja marca Wertheim, que había salvado de la quiebra de su negocio ocurrida hacía cinco años, algún documento o libro de anotaciones. Se oía cómo abría el complicado cerrojo y lo volvía a cerrar después de sacar lo que buscaba. Estas explicaciones del padre eran, en parte, la primera cosa grata que Gregorio oía desde su encierro. Gregorio había creído que al padre no le había quedado nada de aquel negocio (al menos el padre no le había dicho nada en sentido contrario y, por otra parte, tampoco Gregorio le había preguntado). En aquel entonces la preocupación de Gregorio había sido hacer todo lo posible para que la familia olvidase rápidamente el desastre comercial que los había sumido a todos en la más completa desesperación, y así había empezado entonces a trabajar con un ardor muy especial y, casi de la noche a la mañana, había pasado a ser de un simple dependiente a un viajante que, naturalmente, tenía otras muchas posibilidades de ganar dinero, y cuyos éxitos profesionales, en forma de comisiones, se convierten inmediatamente en dinero constante y sonante, que se podía poner sobre la mesa en casa ante la familia asombrada y feliz. Habían sido buenos tiempos y después nunca se habían repetido, al menos con ese esplendor, a pesar de que Gregorio, después, ganaba tanto dinero, que estaba en situación de cargar con todos los gastos de la familia y así lo hacía. Se habían acostumbrado a esto tanto la familia como Gregorio; se aceptaba el dinero con agradecimiento, él lo entregaba con gusto, pero ya no emanaba de ello un calor especial. Solamente la hermana había permanecido unida a Gregorio, y su intención secreta consistía en mandarla el año próximo al conservatorio sin tener en cuenta los grandes gastos que ello traería consigo y que se compensarían de alguna otra forma, porque ella, al contrario que Gregorio, sentía un gran amor por la música y tocaba el violín de una forma conmovedora. Con frecuencia, durante las breves estancias de Gregorio en la ciudad, se mencionaba el conservatorio en las conversaciones con la hermana, pero sólo como un hermoso sueño en cuya realización no podía ni pensarse, y a los padres ni siquiera les gustaba escuchar estas inocentes alusiones; pero Gregorio pensaba decididamente en ello y tenía la intención de darlo a conocer solemnemente en Nochebuena.
Este tipo de pensamientos, completamente inútiles en su estado actual, eran los que le pasaban por la cabeza mientras permanecía allí pegado a la puerta y escuchaba. A veces ya no podía escuchar más de puro cansando y, en un descuido, se golpeaba la cabeza contra la puerta, pero inmediatamente volvía a levantarla, porque incluso el pequeño ruido que había producido con ello había sido escuchado al lado y había hecho enmudecer a todos.
-¿Qué es lo que hará? -decía el padre pasados unos momentos y dirigiéndose a todas luces hacia la puerta; después se reanudaba poco a poco la conversación que había sido interrumpida.


En todo momento, desde las primeras páginas, pesa sobre los personajes la necesidad de encontrar una fuente de ingresos que sustituya el sueldo de Gregorio. Éste dedica al trabajo sus primeras apesadumbradas cogitaciones, preguntándose cómo sobrevivirán los suyos si él no se levanta para continuar su rutina. Pronto se translucirán algunas mezquindades cuando al joven Samsa le sea revelado el tesoro de los ahorros que se habían hecho a sus expensas y sus espaldas (aunque, como sabemos, el bueno de Gregorio perdonará y aún se alegrará de que se haya tomado esta disposición). El resto de miembros de la familia no será ajeno a esta misma preocupación, y pronto todos, desde el padre hasta la hermana, tendrán que arrimar el hombro.
La mezquindad se advierte en la falta de agradecimiento hacia Gregorio y en la ocultación que se le había hecho de los ahorros, a pesar del evidente sobreesfuerzo que para éste suponía tener que cargar con deudas antiguas de sus progenitores; hay mezquindad oculta bajo la facilidad con que todos encuentran trabajo y comienzan a desempeñarlo: se deja ver que, si no lo hicieron antes de la transformación, para descargar al joven de esa responsabilidad, fue por pura molicie y egoísmo, y sólo cuando la necesidad aprieta, ellos se avivan.
Por último, también los inquilinos, al descubrir la presencia de Gregorio, que no parece asustarles ni ofenderles lo más mínimo, aprovechan la ocasión para declararse (falsamente) escandalizados y declarar su intención de no pagar ni un céntimo a sus caseros (incluso, sugieren la posibilidad de demandarlos para obtener beneficio)


3. Lee este otro fragmento y contesta a estas preguntas:
  • ¿Quién invita a los inquilinos a oír el violín?
  • ¿Muestran estos interés por hacerlo?
  • ¿Cómo reacciona la hermana?
  • ¿Les gusta a los huéspedes la interpretación? Dejan ver su agrado o desagrado? ¿Qué muestras dan de ello? ¿Son correctos?
  • ¿Cómo vive la escena la familia?
4. Al hilo de las relaciones laborales y económicas, podemos hacer algunas reflexiones generales; di con cuáles de estas afirmaciones estás de acuerdo y razona tu respuesta:

  • En España hay demasiadas ayudas y subsidios.
  • El que paga, manda.
  • Un empresario no es una ONG: tiene que velar por el bien de la empresa y, si es necesario despedir a quien sea improductivo, debe hacerlo.
  • A menudo nos quejamos demasiado y sin razón: "¡La culpa la tiene el gobierno!"- hasta si llueve o hay sequía. Sería mucho más sano callarse y arrimar más el hombro.
  • Las ayudas del gobierno son útiles y necesarias para la sociedad, pero a menudo se da un paternalismo excesivo que convierte a alguna gente en dependiente: del subsidio de desempleo, del PER, etc.




Si hablamos de relaciones en el trabajo, este año parece obligado hacer referencia a la reciente reforma laboral. Aquí tenemos algo para inspirarnos en la búsqueda de nuestra particular opinión al respecto:




También podemos encontrar algo de información aquí.


5. Indica qué aspectos del siguiente tema de La metamorfosis están presentes en el fragmento:

Autobiografismo.-

Tradicionalmente se interpreta la obra de Kafka, y en especial La Metamorfosis, como un trasunto de la vida de su autor. Y es que, en efecto, son numerosos los aspectos que se pueden parangonar: el padre autoritario, los empleos, el cuidado por parte de su hermana cuando enfermó de tuberculosis, el ya aludido aspecto repulsivo con que Kafka se veía a sí mismo y hasta la frase que dedicó una vez, al joven Franz, su padre: "eres un bicho" le dijo, expresándole su desprecio. Como sabemos, la Carta al padre será muy reveladora en este aspecto. No olvidemos, además, la condición de judío que, si bien atraía e interesaba cada vez más a Kafka, al mismo tiempo se hacía progresivamente marginal a medida que la Historia avanza hacia el Holocausto nazi.

-¿Qué ha ocurrido? -fueron sus primeras palabras.
El aspecto de Greta lo revelaba todo. Greta contestó con voz ahogada, si duda apretaba su rostro contra el pecho del padre:
-Madre se quedó inconsciente, pero ya está mejor. Gregorio ha escapado.
-Ya me lo esperaba -dijo el padre-, se lo he dicho una y otra vez, pero ustedes, las mujeres, nunca hacen caso.
Gregorio se dio cuenta de que el padre había interpretado mal la escueta información de Greta y sospechaba que Gregorio había hecho uso de algún acto violento. Por eso ahora tenía que intentar apaciguar al padre, porque para darle explicaciones no tenía ni el tiempo ni la posibilidad. Así pues, Gregorio se precipitó hacia la puerta de su habitación y se apretó contra ella para que el padre, ya desde el momento en que entrase en el vestíbulo, viese que Gregorio tenía la más sana intención de regresar inmediatamente a su habitación, y que no era necesario hacerle retroceder, sino que sólo hacía falta abrir la puerta e inmediatamente desaparecería. Pero el padre no estaba en situación de advertir tales sutilezas.
-¡Ah! -gritó al entrar, en un tono como si al mismo tiempo estuviese furioso y contento. Gregorio retiró la cabeza de la puerta y la levantó hacia el padre. Nunca se hubiese imaginado así al padre, tal y como estaba allí; bien es verdad que en los últimos tiempos, puesta su atención en arrastrarse por todas partes, había perdido la ocasión de preocuparse como antes de los asuntos que ocurrían en el resto de la casa, y tenía realmente que haber estado preparado para encontrar las circunstancias cambiadas. Aun así, aun así. ¿Era este todavía el padre? ¿El mismo hombre que yacía sepultado en la cama, cuando, en otros tiempos, Gregorio salía en viaje de negocios? ¿El mismo hombre que, la tarde en que volvía, le recibía en bata sentado en su sillón, y que no estaba en condiciones de levantarse, sino que, como señal de alegría, sólo levantaba los brazos hacia él? ¿El mismo hombre que, durante los poco frecuentes paseos en común, un par de domingos al año o en las festividades más importantes, se abría paso hacia delante entre Gregorio y la madre, que ya de por sí andaban despacio, aún más despacio que ellos, envuelto en su viejo abrigo, siempre apoyando con cuidado el bastón, y que, cuando quería decir algo, casi siempre se quedaba parado y congregaba a sus acompañantes a su alrededor? Pero ahora estaba muy derecho, vestido con un rígido uniforme azul con botones, como los que llevan los ordenanzas de los bancos; por encima del cuello alto y tieso de la chaqueta sobresalía su gran papada; por debajo de las pobladas cejas se abría paso la mirada, despierta y atenta, de unos ojos negros. El cabello blanco, en otro tiempo desgreñado, estaba ahora ordenado en un peinado a raya brillante y exacto. Arrojó su gorra, en la que había bordado un monograma dorado, probablemente el de un banco, sobre el canapé a través de la habitación formando un arco, y se dirigió hacia Gregorio con el rostro enconado, las puntas de la larga chaqueta del uniforme echadas hacia atrás, y las manos en los bolsillos del pantalón. Probablemente ni él mismo sabía lo que iba a hacer, sin embargo levantaba los pies a una altura desusada y Gregorio se asombró del tamaño enorme de las suelas de sus botas.
6. Escribe un pequeño texto en el que trates alguna de estas cuestiones:
  • ¿Deben los padres ser autoritarios?
  • ¿Son los padres españoles demasiado permisivos?
  • ¿Es ahora la relación con los padres más fluida que en otros tiempos?
  • Cita algunos casos de autoritarismo paterno.
  • Menciona alguna obra (literaria, cinematográfica...) donde se trate este tema.




7. En estos tres fragmentos podemos ver diferentes maneras de relacionarse los personajes. Explica qué observas en lo referente a los siguientes temas:
  • Apoyo que se dan entre los diferentes miembros de la familia. Tensiones y egoísmo de los personajes.
  • Apego y desapego; muestras de cariño.
  • Tareas del hogar.
Sociedad y soledad.-
La soledad que angustia y que austeramente soporta el personaje no se reduce al ámbito familiar: Gregorio confiesa no tener amigos (apenas conocidos); sus compañeros de trabajo (el jefe, otros viajantes...) son apenas sombras que pasan con indiferencia por su vida y que probablemente ni siquiera conocerán su nombre; el único amor del personaje es "una señorita a la que había cortejado sin entusiasmo". Pero Gregorio no es el único que está solo: la familia no tiene a quién acudir; es más: ni siquiera se plantea esa posibilidad de recabar ayuda o apoyo. Las sirvientas son simples empleadas que, como vienen, se van (y constituyen, al mismo tiempo, un escalón aún más bajo de la autoritaria sociedad). La familia (en especial los miembros femeninos) tiende a abrazarse, aterrorizada o exhausta, a medida que avanza la tragedia: madre e hija llevan a rastras al transido padre; el padre se sitúa delante de la hija, con los brazos abiertos, para "protegerla" del insecto; la hija solloza en brazos de la madre: unos y otros se sostienen físicamente ante la desgracia; sin embargo, no puede decirse que, salvo en unas pocas ocasiones, nos conmuevan esas muestras de afecto, que apenas puede llamarse cariño: en general predomina el silencio, el aislamiento, la soledad a la que de antemano parecen haberse rendido todos los personajes de la novela.
Escoge una sola frase que resuma, a modo de titular, el contenido del texto anterior.

8. Ahora vamos a comparar la historia y los personajes de La metamorfosis con este corto, hallando similitudes y diferencias:





Autocomplacencia


Frente a los demás personajes, Gregorio es presentado como un ser lleno de virtudes, a pesar de la apariencia repulsiva que adquiere con su metamorfosis. El protagonista, que, a pesar de estar presentado por un narrador extradiegético, omnisciente, podemos relacionar fácilmente con su autor, acumula un buen número de virtudes que contrastan con la mezquindad de los otros: Gregorio es paciente, humilde, comprensivo, considerado e infinitamente generoso: entregó todos sus esfuerzos y todas sus horas, mientras pudo, al bienestar de su familia, sin pedir nada a cambio; guardaba una dadivosa sorpresa para su hermana, y casi le pesa más no poder llevarla a cabo que su propia desgracia, que soporta con estoicismo ejemplar.


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