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miércoles, 23 de septiembre de 2020

El poema de Mío Cid. Sustantivos.


 

 

ArribaAbajoActo o cantar primero


Narra las hazañas del Cid como prototipo de nobleza heroica



1

El Cid sale de Vivar para el destierro



(Narrador)



De los sus ojos tan          fuertemente llorando,


Tornaba la cabeza          y estábalos mirando.


Vio puertas abiertas          y postigos sin candados,


Alcándaras vacías,          sin pieles y sin mantos,


Y sin halcones          y sin azores mudados.  5

Suspiró mío Cid          pues tenía muy grandes cuidados.


Habló mío Cid,          bien y tan mesurado:


(Cid)


-¡Gracias a ti, señor padre,          que estás en alto!


-¡Esto me han hecho    mis enemigos malos!



2

El Cid ve agüeros en la salida


(Narrador)


Allí piensan aguijar,          allí sueltan las riendas.  10

A la salida de Vivar,          tuvieron la corneja diestra,


Y, entrando en Burgos,          tuviéronla siniestra.


Meció mío Cid los hombros          y movió la cabeza:


(Cid)



-¡Albricias, Álvar Fáñez,          que echados somos de tierra!



3

Entrada desoladora en Burgos


(Narrador)



Mío Cid Ruy Díaz          por Burgos entraba,  15

En su compañía,          sesenta pendones llevaba.


Salíanlo a ver          mujeres y varones,2


Burgueses y burguesas          por las ventanas son,


Llorando de los ojos,          ¡tanto sentían el dolor!


De las sus bocas,          todos decían una razón:


(Burgaleses)



¡Dios, qué buen vasallo,          si tuviese buen señor!  20


4

Nadie da hospedaje al Cid por temor al Rey. Sólo una niña de nueve años pide al Cid que se vaya. El Cid acampa en la glera del río Arlanzón


(Narrador)



Le convidarían de grado,          mas ninguno no osaba;


El rey don Alfonso          tenía tan gran saña;


Antes de la noche,          en Burgos de él entró su carta,


Con gran recaudo          y fuertemente sellada:


Que a mío Cid Ruy Díaz,          que nadie le diese posada,  25

Y aquel que se la diese          supiese veraz palabra,


Que perdería los haberes          y además los ojos de la cara,


Y aún más          los cuerpos y las almas.


Gran duelo tenían          las gentes cristianas;


Escóndense de mío Cid,          que no le osan decir nada,  30

El Campeador          adeliñó a su posada.


Así como llegó a la puerta,          hallola bien cerrada;


Por miedo del rey Alfonso          que así lo concertaran:


Que si no la quebrantase por fuerza,          que no se la abriesen por nada.


Los de mío Cid          a altas voces llaman;  35

Los de dentro          no les querían tornar palabra.


Aguijó mío Cid,          a la puerta se llegaba;


Sacó el pie de la estribera,          un fuerte golpe le daba;


No se abre la puerta,          que estaba bien cerrada.


Una niña de nueve años          a ojo se paraba:  40 

 
 
(Niña)



¡Ya, Campeador,          en buena hora ceñisteis espada!


El Rey lo ha vedado,          anoche de él entró su carta


Con gran recaudo          y fuertemente sellada.


No os osaríamos abrir          ni acoger por nada;


Si no, perderíamos          los haberes y las casas,  45

Y, además,          los ojos de las caras.


Cid, en el nuestro mal          vos no ganáis nada;


Mas el Criador os valga          con todas sus virtudes santas.


(Narrador)






























































1. Las siguientes palabras han aparecido en el texto. Primero, separa los sustantivos de los verbos:

 

 

Alcándara            Halcón

Azor          Cuidado, pesar.

Corneja          Osar

Saña               

Pendón           Agüero

Vasallo          Diestra/siniestra.

Tornar           Glera

Recaudo          Haberes 

Vianda           Vedar

 

 2. A continuación, asocia cada término a un sinónimo o definición: 


Percha para aves                Atreverse

Pájaro de agüero                agresividad

Pena                Prohibir

Volver                Ave rapaz

Posesiones               Bandera

Izquierda               Alimento

112

 Estaba el Cid con los suyos en Valencia la mayor
y con él ambos sus yernos, los infantes de Carrión.
Acostado en un escaño dormía el Campeador,
ahora veréis qué sorpresa mala les aconteció.
De su jaula se ha escapado, y andaba suelto el león,
al saberlo por la corte un gran espanto cundió.
Embrazan sus mantos las gentes del Campeador
y rodean el escaño protegiendo a su señor.
Pero Fernando González, el infante de Carrión,
no encuentra dónde meterse, todo cerrado lo halló,
metióse bajo el escaño, tan grande era su terror.
El otro, Diego González, por la puerta se escapó
gritando con grandes: "No volveré a ver Carrión.
"Detrás de una gruesa viga metióse con gran pavor
y, de allí túnica y manto todos sucios los sacó.
Estando en esto despierta el que en buen hora nació
y ve cercado el escaño suyo por tanto varón.
"¿Qué es esto, decid, mesnadas? ¿Qué hacéis aquí alrededor?"
"Un gran susto nos ha dado, señor honrado, el león."
Se incorpora Mío Cid y presto se levantó,
y sin quitarse ni el manto se dirige hacia el león:
la fiera cuando le ve mucho se atemorizó,
baja ante el Cid la cabeza, por tierra la cara hincó.
El Campeador entonces por el cuello le cogió,
como quien lleva un caballo en la jaula lo metió.
Maravilláronse todos de aquel caso del león
y el grupo de caballeros a la corte se volvió.
Mío Cid por sus yernos pregunta y no los halló,
aunque los está llamando no responde ni una voz.
Cuando al fin los encontraron, el rostro traen sin color
tanta broma y tanta risa nunca en la corte se vio,
tuvo que imponer silencio Mío Cid Campeador.
Avergonzados estaban los infantes de Carrión,
gran pesadumbre tenían de aquello que les pasó.

 

128

[...]

En el robledo de Corpes entraron los de Carrión,

los robles tocan las nubes, ¡tan altas las ramas son!

Las bestias fieras andan alrededor.

Hallaron una fuente en un vergel en flor;

mandaron plantar la tienda los infantes de Carrión,

allí pasaron la noche con cuantos con ellos son;

con sus mujeres en brazos demuéstranles amor;

¡mal amor les mostraron en cuanto salió el sol! […]

[…] Todos se habían ido, ellos cuatro solos son,

así lo habían pensado los infantes de Carrión:

«Aquí en estos fieros bosques, doña Elvira y doña Sol,

vais a ser escarnecidas, no debéis dudarlo, no.

Nosotros nos partiremos, aquí quedaréis las dos;

«no tendréis parte en tierras de Carrión.

«Llegarán las nuevas al Cid Campeador,

«así nos vengaremos por lo del león».



Los mantos y las pieles les quitan los de Carrión,

con sólo las camisas desnudas quedan las dos,

los malos traidores llevan zapatos con espolón,

las cinchas de sus caballos ásperas y fuertes son.

Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:

«Don Diego y don Fernando, os rogamos por Dios,

dos espadas tenéis, fuertes y afiladas son,

el nombre de una es Colada, a la otra dicen Tizón,

cortadnos las cabezas, mártires seremos nos.

Moros y cristianos hablarán de vuestra acción,

dirán que no merecimos el trato que nos dais vos.

Esta acción tan perversa no la hagáis con nos

si así nos deshonráis, os deshonraréis los dos;

ante el tribunal del rey os demandarán a vos».

Lo que ruegan las dueñas de nada les sirvió.

Comienzan a golpearlas los infantes de Carrión;

con las cinchas de cuero las golpean sin compasión;

así el dolor es mayor, los infantes de Carrión:

de las crueles heridas limpia la sangre brotó.

Si el cuerpo mucho les duele, más les duele el corazón.

¡Qué ventura tan grande si quisiera el Criador

que en este punto llegase mio Cid el Campeador!

 

Se han hartado de herirlas,

y han probado a ver quién daba los mejores golpes.

Ya no pueden ni hablar, doña Elvira y doña Sol,

en el robledal de Corpes las dieron por muertas.

 

Los infantes se llevaron los mantos y las pieles finas

y las dejan desmayadas en vestidos y camisas,

entre las aves y las bestias salvajes del monte.

Sabed que las dejaron por muertas, que no por vivas.




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