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lunes, 8 de febrero de 2010

Próximo examen

Llegamos, por fin, a la conclusión de este tema. Si hacemos memoria de cuanto hemos estudiado, veremos que los contenidos han sido los siguientes:


  1. Verbos.
  2. Tildes.
  3. Ortografía y vocabulario.
  4. Expresión escrita y comprensión lectora.


1. Verbos. Hemos visto el modo indicativo de cada una de las tres conjugaciones verbales (a saber: verbos que terminan en -AR, como CANTAR; verbos que terminan en -ER, como TEMER; y, por último, los que, como PARTIR, acaban en -IR). Los tiempos verbales se agrupan en simples y compuestos, de manera que cada uno de estos últimos se forma a partir de uno de los anteriores:

Presente................................Pretérito perfecto compuesto
Canto, temo, parto.............................He cantado/temido/partido

Pretérito perfecto simple.......................Pretérito anterior
Canté, temí, partí............................Hube cantado/temido/partido

Pretérito imperfecto...............Pretérito pluscuamperfecto
Cantaba, temía, partía................Había cantado/ temido/ partido

Futuro simple o imperf.............Futuro compuesto o perf.
Cantaré, temeré, partiré............Habré cantado/temido/partido


A las formas anteriores hay que añadir las llamadas formas no personales:
  • Infinitivo: Cantar, temer, partir.
  • Gerundio: Cantando, temiendo, partiendo.
  • Participio: Cantado, temido, partido. (Como ya sabemos, es con el verbo haber más un participio que se construyen las formas compuestas).

Sabéis que en la prueba escrita os perdiré que identifiquéis formas verbales en cualquiera de estas dos direcciones:

a) 3ª pers. sing. pret. perf. comp. de SALTAR: ... y uno escribe: "Ha saltado"
b) Comíamos: ... y uno escribe: "1ª pers. pl. Pret. imperf. de COMER".

Si todavía tuvierais dudas, podéis consultar estas tablas de verbos que sirven como modelos de las tres conjugaciones.



2. Tildes. Se llama acento a la fuerza que en la pronunciación recibe una sílaba de la palabra, distinguiéndola de las demás por una mayor intensidad o por un tono más alto. Todas las palabras en español tienen "acento". Pero no todas llevan "tilde" (también llamada "acento ortográfico"): la tilde es un símbolo que se escribe en español para indicar cuál es la sílaba más fuerte de cada palabra. El sistema ortográfico del español es de los más simples y eficaces del mundo, y permite saber exactamente cómo se pronuncia cada palabra (hecho que no se da, por ejemplo, en inglés o en francés). Para conocerlo, debemos tener en cuenta:

a) Diptongos e hiatos: cuando una vocal débil y una fuerte (o dos débiles) están juntas, se unen para formar un diptongo: ai, ei, iu, oi, eu, au... . Si se trata de dos fuertes, se separan en un hiato. Si hay dos débiles, el acento lo lleva siempre la segunda, de modo que la tilde no es necesaria: Ruiz, viudo, etc.

Las vocales fuertes son las más abiertas: a, e, o. La i y la u, que se pronuncian con la boca más cerrada, son las llamadas débiles.

b) Para establecer si una palabra es aguda, llana o esdrújula, contamos las sílabas desde el final de la palabra:
  • Des-pués (1ª) es aguda, a-ho-ra (2ª) es llana y -pi-do (3ª) es esdrújula.
c) En los monosílabos, como no hay que distinguir cuál es la sílaba acentuada porque sólo tiene una, normalmente no se escribe acento (excepto para distinguir dos palabras iguales, como él y el o mas y más): un, pues, lo, sin, etc.

d) Las esdrújulas y sobreesdújulas siempre llevan tilde. Las agudas lo hacen cuando terminan en -n, -s o vocal; las llanas, sólo en el resto de los casos.

e) Los adverbios terminados en -mente (fácilmente, increíblemente...) se escriben con tilde sólo cuando la lleva la misma palabra sin esa terminación (fácil, increíble...).

f) Y, por último, como en un diptongo la vocal acentuada es por norma la fuerte (ei, ia, oi...), si queremos que la i o la u se conviertan en la vocal tónica tendremos que marcarlo con una tilde. De este modo, la débil se convierte en fuerte y se rompe el diptongo: Re-ír, habí-a; o-í-ais...
¿Cómo preguntaré en el examen? Os puedo pedir que justifiquéis el acento de una palabra, puedo formular una pregunta teórica ("Define diptongo", por ejemplo) o bien pediré que coloquéis la tilde donde corresponda en una lista de palabras.


3. Ortografía y vocabulario. Además de los ejercicios publicados en el blog, hemos trabajado con dos fotocopias: las de los días ocho de enero y cuatro de febrero . Repasadlas y aseguraos de que todo está bien claro.

4. Expresión escrita y comprensión lectora. Se trata de actividades que hemos realizado en clase y que evaluaré por medio de los pequeños trabajos que os he ido pidiendo a lo largo del trimestre. No habrá nada de esto, por tanto, en el examen.




jueves, 4 de febrero de 2010

Temas en Werther.

Lee esta narración y comenta los puntos en común, así como las diferencias, que observes con la historia del protagonista:

"Ayer le encontré casualmente, camino a otra aldea; le hablé y me contó su historia, que me ha causado gran impresión, como comprenderás fácilmente cuando te la transmita. ¿Pero a qué llevan estos detalles? ¿No debía yo guardar para mí lo que me aflige y angustia? ¿Por qué he de entristecerte también? ¿Por qué he de darte sin parar ocasión para que me compadezcas y regañes? ¡Bah! Acaso no es mía la culpa, sino de mi estrella.

Este hombre contestó a mis primeras preguntas con sombría tristeza, en la que me pareció ver alguna confusión; pero en breve, como si entendiera con quién hablaba y me reconociera, me confesó con franqueza sus errores y deploró su infelicidad. ¡Que no pueda yo, amigo, recordar una a una sus palabras! Confesaba (sintiendo al hacer memoria de ello un tipo de alegría y placer) que su amor hacia su ama fue aumentando cada vez más, al grado de no saber lo que hacía ni, hablándote en su lenguaje, dónde tenía la cabeza. No podía beber, comer ni dormir; esto lo martirizaba y hacía lo que no debía hacer, y olvidaba lo que le habían ordenado; parecía que tuviera un demonio en el cuerpo y, por último, un día que ella estaba en una habitación de un piso alto, la siguió o, más bien, se sintió arrastrado en su busca. Rogó sin resultado y pretendió usar la fuerza. Ignoraba cómo pudo llegar a tal extremo y ponía a Dios como testigo de que siempre había pensado en ella con total pureza y de que su más vehemente deseo había sido casarse para pasar la vida entera con ella. Después de platicar un rato, titubeó, como al que le falta algo que decir y no se atreve a seguir. Al final, me confesó tímido que ella le solía tolerar ciertas confianzas y le había concedido algunos favores ligeros. Interrumpió dos o tres veces el relato para repetirme que no decía esto “por ponerla en mal”, que la quería tanto como antes; que jamás había hablado con nadie de estas cosas y que sólo me las decía para que me convenciera de que él no era un malvado ni un insensato.

Y ahora, amigo mío, vuelvo a mi eterna frase: ¡si pudiera pintarte a este muchacho tal como estaba, tal como lo veían mis ojos! ¡Si pudiera decirte todo a la perfección, para que comprendieras cómo me interesa, cómo debo interesarme por él! Basta; sabes lo que me pasa, sabes cómo soy y sabes demasiado bien cuánto me atraen los desdichados y, sobre todo, éste de quien te hablo.

Al releer lo escrito observo que se me olvidaba mencionar el fin de la historia, que se adivina con facilidad. La viuda se defendió; llegó su hermano, que hacía mucho odiaba al sirviente y deseaba sacarle de la casa por temor de que un nuevo matrimonio de la hermana dejara a sus hijos sin una herencia que esperaban con vehemencia, pues aquélla no tenía sucesión directa; este hermano puso al criado en la calle y armó tal escándalo sobre lo sucedido, que aunque la viuda hubiera deseado recibir de nuevo al joven, no se hubiera atrevido. Dicen que también ahora está que trina el hermano con otro criado que tiene la susodicha, respecto al cual aseguran que se casará con ella, cosa que el antiguo está decidido a no sufrir mientras viva.

No he exagerado ni retocado esta historia; hasta puedo decir que la he contado tenue, muy tenuemente, y que ha perdido mucho de su sencillez, porque la he encerrado en el modelo de nuestro lenguaje usual y muy circunspecto."


Lee estos fragmentos y describe el concepto del amor que tiene el protagonista:

"Me bajé del coche y al mismo tiempo se presentó una criada y nos pidió esperar un momento a la señorita Carlota, que iba a bajar enseguida. Atravesé el patio, subí la escalinata que llevaba a la entrada de la linda casa y cuando pasé por el vestíbulo, presencié el espectáculo más encantador que hubiera visto. Seis niños, entre dos y 11 años, estaban agrupados en torno a una joven de estatura media, pero bien formada, cuyo traje era un simple vestido blanco adornado con lazos de color de rosa en marchas y pechera. Tenía un pan casero en la mano y a cada niño le daba un pedazo según su edad y apetito. Los niños levantaban sus manitas y luego de recibir la merienda, los más vivos se fueron con ella muy alegres y los más calmados se dirigieron con prudencia a la puerta para ver a los forasteros y el coche donde debía subir su querida Carlota".



"Esto decía Carlota. ¡Oh, Guillermo!, ¿quién puede repetir su dicho? ¿Cómo la letra, fría e insensible, podría reproducir su palabra, que era flor celestial de su alma?

[...]

-Carlota -dije-, arrojándome a sus pies y estrechando su mano, que bañaba con mis lágrimas-; Carlota, que siempre te acompañen la bendición de Dios y el espíritu de tu madre."


"¡Oh, si yo estuviera sentado a tus pies, en aquel gabinete seductor y apacible, con los niños corriendo alrededor nuestro! "


Realiza la misma actividad que antes, ahora en lo referente a la sociedad:

"¡Qué pobres hombres son los que entregan su alma a los cumplimientos y cuya única ambición es ocupar la silla más visible de la mesa! Se entregan con tal vehemencia a estas tonterías, que no tienen tiempo de pensar en los asuntos de importancia verdadera. Una de tantas sandeces nos aguó toda una fiesta la última semana.

¡Necios! No ven que el lugar no tiene importancia y que el que ocupa el primer puesto juega muy pocas veces el primer papel. ¡Cuántos reyes están gobernados por sus ministros! ¡Cuántos ministros, por sus secretarios! ¿Y quién es el primero? Yo creo que aquél cuyo ingenio controla al de los demás y por su carácter y destreza transforma las fuerzas y pasiones ajenas en artífices de sus deseos."


29 de junio

"Anteayer vino el médico de la ciudad a visitar al mayordomo y me halló sentado en el suelo, en medio de los niños de Carlota. Unos saltaban alrededor de mí o se subían en mis rodillas; otros me hacían gestos; yo les hacía cosquillas y la algazara era grande y la alegría, muy ruidosa. El doctor es un arlequín pedante que al hablar, cuida más de estirarse los puños de la camisa, de arreglarse las chorreras, que de lo que dice. Al verme en esta posición, jugando con los niños, le pareció que yo me rebajaba en mi dignidad de hombre sensato y juicioso; pero a pesar de que yo me di cuenta de ello, por sus modos, no cambié de postura por eso y seguí divirtiéndome. Le dejé decir todas las cosas razonables y justas que se le ocurrieron y me ocupé de volver a levantar el castillo de naipes que los niños habían derribado.

En cuanto volvió a la ciudad, lo primero que hizo fue contar a las personas que encontraba y querían oírle: “Los niños del magistrado estaban ya muy mal educados, pero ese Werther los acaba de echar a perder por completo”. Sí, querido Guillermo, los niños son lo que conmueve más mi corazón en la tierra. Cuando me detengo a mirarlos y veo en esos pequeños el germen de todas las facultades que necesitarán practicar algún día; cuando descubro en sus caprichos o terquedades la futura constancia y firmeza de carácter, o en sus travesuras y en su malicia el humor fácil y alegre que hace olvidar las penas y los contratiempos de la vida, y todo esto de una manera franca y total, no dejo de repetirme siempre estas palabras divinas del maestro. Mientras no llegues a ser como éstos… Pues bien, mi amigo, a estos niños, estas amables criaturas que deberíamos considerar modelos, los tratamos como esclavos. ¿Por qué no han de tener ellos también una voluntad personal? ¿No tenemos nosotros la nuestra? ¿En qué se basa o está fundada esta prerrogativa? ¿Es porque nosotros tenemos más edad y somos más serios? ¡Dios piadoso! Desde la inmensidad de tu gloria, ves a los niños grandes y a los pequeños, y nada más, y hace mucho tiempo que has declarado por boca de tu hijo, quiénes son con los que más te complaces. Los hombres creen en él, pero no lo escuchan, y nunca han obrado de otra manera. Forman a sus hijos semejantes a ellos y… Adiós; prefiero callar que seguir con este desvarío."